Es hora de hablar de la legalización

Algún día en el futuro, nuestros hijos (o nietos) nos van a preguntar cómo era vivir cuando las drogas eran ilegales. Podrán pasar una o dos décadas para que esto suceda pero definitivamente vamos a ver la eventual despenalización y legalización de la mayoría de las drogas.Este es el momento de abrir el debate. Superficialmente la prohibición de las drogas peligrosas como la cocaína y la heroína tienen sentido. Estas han causado un sinnúmero de problemas sociales y de salud. Los padres se sienten más seguros sabiendo que viven en un mundo en el que sus hijos adolescentes no pueden comprar legalmente drogas perjudiciales.Sin embargo, al profundizar y tener una visión realista de los hechos, la prohibición de las drogas y la guerra para hacerla cumplir están fallando. Parece que cada día hay más gente, especialmente en América Latina, que está despertando a esta realidad. El primer argumento para la legalización es económico. Según algunas estimaciones, 300 millones de personas o el 5% de la población mundial consume drogas ilegales. La mayoría viven en países desarrollados. De acuerdo con The Economist, el gobierno de Estados Unidos gasta alrededor de US$40.000 millones cada año tratando de reducir la oferta de drogas ilegales. La despenalización y legalización del comercio de la droga podría ahorrar una cantidad significativa de recursos financieros. Según un estudio de Harvard, el fin de la prohibición ahorraría al gobierno de EE.UU. US$ 44,1 mil millones al año. Los impuestos de una industria legal proporcionaría ingresos fiscales adicionales de US$32,7 mil millones al año. Estos ahorros e ingresos podrían ser canalizados a servicios de prevención, educación y salud (con miles de millones probablemente de sobra). Estos son argumentos muy sólidos, pero no se trata solo de que la legalización tenga un sentido económico. La actual guerra contra las drogas es fundamentalmente injusta. Los números no pueden describir adecuadamente cómo esta ha impactado a zonas urbanas y países productores, particularmente en América Latina. Mientras que los estadounidenses y europeos ricos pueden consumir drogas con relativa facilidad, la violenta guerra para controlar y combatir el comercio mundial de las drogas ha matado a decenas de miles de personas, dejado millones sin hogar y amenazado con destruir países enteros.Colombia pasó por un período terrible de violencia y caos en los años 1980 y 1990, debido al comercio ilegal de drogas y la creciente demanda de cocaína en los EE.UU. Si bien la situación ha mejorado desde entonces los costos han sido considerables: 450.000 homicidios desde 1990, millones de desplazados y 5% del PIB que el gobierno gasta actualmente en defensa cada año. Afortunadamente, la situación de Colombia ha mejorado, pero su éxito sólo ha desplazado el problema en la región. México y Centroamérica se han convertido en el principal centro de tráfico y la producción ha ido en aumento en Bolivia y Perú. Todos estos países van a tener que gastar más dinero para combatir a los carteles de la droga. Pero, ¿con qué fin?El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, lo resumió cuando dijo recientemente al Wall Street Journal que “mientras exista demanda, habrá oferta”.Pérez Molina es el primer presidente en decir públicamente que está a favor de la legalización de las drogas (una serie de ex presidentes, entre ellos el presidente colombiano César Gaviria, también están a favor) y los presidentes Calderón y Santos parecen estar dispuestos a discutir el tema. Necesitamos un debate más abierto sobre la legalización de las drogas y América Latina está liderando el camino. Es hora de que los EE.UU. y Europa los sigan.