Espejito, espejito, ¿quién es la más linda?

Es sorprendente cómo un elemento inanimado como un espejo lleva a resultados desvirtuados. ¿Cómo es esto posible?

Un espejo es un objeto que refleja la luz de tal manera que representa todo lo que tiene al frente, casi como si aquello que nos muestra fuera una extensión que imita, en una perspectiva gemela invertida, lo reflejado. Pero hace tiempo Blanca Nieves supo de aquellos que, intencionadamente o no, pretenden engañar al espejo.

Las organizaciones tienen espejos a los cuales puede -y debe- mirar de frente y con garbo. Son espejos que funcionan desde el ángulo financiero (ingresos, crecimiento y accionistas), el de los clientes (satisfacción), el de los procesos internos (gerencia y operaciones) y el del crecimiento (procesos de aprendizaje e innovación).

Existe un viejo proverbio que dice que la honestidad es la mejor política; desafortunadamente, es difícil establecer culturas empresariales que valoren la honestidad y construyan equipos que se fusionen en una meta integrada.

La Constitución colombiana dice que el bien común en una sociedad prima sobre el bien individual pero, de nuevo, se encuentra uno con casos organizacionales donde las corrientes subterráneas de las aguas son fuertes e intentan enturbiar la transparencia de las intenciones para dificultar la llegada del río a su destino natural.

¿Quién gana y quién pierde? Todos pierden. ¡Cómo se puede ser tan ciego de pensar lo contrario! Quien no mira el espejo con honestidad, valida errores y vicios que llevan a resultados nefastos. El novelista estadounidense Nathaniel Hawthorne afirmaba que 'la precisión era el hermano gemelo de la honestidad, y la imprecisión, de la deshonestidad'.

Quien no mira el espejo corporativo con serenidad y apertura tendrá cada día más difícil no caer en el autoengaño. Los años pasan y, en realidad, no hay cómo ocultar las huellas maravillosas y desafortunadas de la vida frente al espejo corporativo.

Gerrit Smith, político americano, decía que adoraba la honestidad y por lo tanto se tomaba muy en serio lo que afirmaban los hechos. Entonces, ¿dónde está el problema? ¿En el espejo? No.

El problema no está en este frío e infértil acompañante, el problema está en la mirada, que es la única parte subjetiva de este ejercicio.

Mirarse al espejo puede ser incómodo, pero si corporativamente se quiere liderar hacia el éxito, es importante hacerlo de frente, pues, mas allá de lo incómodo que esto parezca y de las conclusiones a las que nos lleve, es el camino para mantener el éxito real en nuestras empresas.