Evolución industrial e innovación (I)

Dentro de lo que consideramos pensamiento evolucionista, queremos en este artículo retomar la analogía usada por el destacado profesor venezolano Ricardo Hausmann de la Universidad de Harvard en la que las empresas (como los simios), saltan gradualmente hacia productos (como simios de árbol en árbol) para expandir sus capacidades por proximidad a las capacidades que tienen. Es decir, una mayor complejidad tecnológica requiere expandir capacidades, pero no se pueden hacer grandes saltos, sino que los cambios se dan gradualmente a partir de las capacidades que ya se tienen. En el excelente estudio de Hidalgo y Hausmann (2007), a partir de una base de datos de Feenstra y otros, estos investigadores de MIT y Harvard mapean un espacio de productos a nivel global y los relacionan entre sí por las capacidades que se requieren para producirlos. Cuenta una visión dinámica pero que se interpreta comúnmente de manera estática (por medio de la metáfora explicada anteriormente de los simios y los árboles). Hay productos que son comunes (ubicuos) a muchos países y las capacidades y probabilidad de producirlos se pueden encontrar también en muchos países. Hay otros productos que requieren de capacidades específicas que no son fáciles de encontrar y, por tanto, los producen pocos países. Es decir que hay muchas empresas en la mayoría de naciones que producen manzanas y probablemente tienen las capacidades de producir otras frutas. Pero pasar de producir frutas a producir aviones no puede construirse sobre las capacidades ubicuas, sino que se basa en muchas otras capacidades, difíciles de desarrollar. La metáfora alternativa que queremos resaltar está basada en otra usada por el Banco Mundial sobre la siembra de una semilla para recoger la cosecha de un fruto. Y en este punto encontramos la necesidad de recurrir a ésta analogía pues los árboles, como las tecnologías, requieren ser sembrados, riego, nutrientes, buen clima, etc. para que germinen y crezcan. Son una entidad en sí que requiere de recursos, tiempo e intención para que estén allí y para que los simios puedan reposar sobre ellos, pero más importante, saltar hacia arboles más atractivos, entendidos los simios como las masas críticas de la industria y la innovación, vale decir, capital humano y capital empresarial. Es por eso que para Aubert (2010) los gobiernos tienen tres responsabilidades para que germine la industrialización con innovación. Uno, necesitan acondicionar el campo de siembra con educación de calidad y abonarlo con una mejor base del conocimiento y mejor información que posibilite el desarrollo de la educación tecnológica, así como de estructuras de I+D más creativas. Dos, requieren eliminar la maleza que frena la competitividad palpable en una regulación ineficaz y burocracia innecesaria, pero también controlar las plagas para innovar. Y tres, necesitan rociar estímulos en el ambiente adecuado mediante regulación pertinente, financiación y apoyo a proyectos innovadores, entre otros medios que inciten y desarrollen la innovación.Pero eso no quiere decir que el argumento del Profesor Hausmann sea invalidado por la necesidad de otra analogía que explique la existencia de tecnologías. Creemos que viene a refinarla, porque está incompleta y todos sabemos qué pasa cuando se dicen verdades a medias. Presenta el tema de la industrialización como si los sectores -por medio de los cuales las empresas (simios) se acercan (saltan) al centro “complejo” del espacio de productos- están ahí, esperando para ser “conquistados” o “descubiertos”, puede retroceder nuestra mente hacia un paradigma desactualizado: que la tecnología está ahí en las repisas para ser comprada, o que cae como maná del cielo. Como si los sectores y sus respectivos mercados siempre hubieran existido y simplemente unos países llegaron antes y otros tardíamente. Por eso, comúnmente, en los países de ingreso tardío se escucha mucho las recomendaciones asociadas con “inversión en sectores de alta y mediana tecnología”. Ese parecería ser el credo, y que supuestamente señala lo obvio. Y la industrialización no es un problema obvio sino, por el contrario, es un problema mal definido (Simon). Y se exacerba la falacia con clichés del tipo “el mercado falla”, como si algo que no existe pudiera fallar.Nota: especial agradecimiento a La República por innovar en su página de opinión al permitir que un tema trascendental gane fuerza con el análisis de dos expertos. Iván Hernández German Bolivar-BlancoAnalistas