Falkland o Malvinas: definitivamente lo primero

El lunes anterior se conmemoraron treinta años del episodio que fortaleció los lazos entre las meridionales islas Falkland y la corona británica. Luego de una torpe declaración de guerra por parte de la dictadura argentina (1982), las consecuencias del conflicto fueron absolutamente castigadoras para sus nacionales. Como resultado del enfrentamiento, cientos de argentinos murieron y la potestad del gobierno británico sobre el archipiélago se formalizó, incluso hasta otorgar la nacionalidad inglesa a los habitantes de las islas.
La disciplina internacionalista facilita dos miradas útiles al análisis de lo sucedido hace tres décadas y que explican lo que hoy se vive en la relación bilateral entre argentinos y británicos. Son aproximaciones teóricas contrapuestas que, particularmente, dan la razón a ambos actores internacionales.
De un lado está el neorrealismo, un paradigma establecido por Kenneth Waltz en 1979, y que da por sentada la anarquía internacional, es decir, no da validez a la posibilidad de un ente regulador a nivel global, por lo que los estados deben actuar en procura de la defensa de sus intereses. Esta aproximación hace una lectura estricta de la cooperación internacional desde el beneficio que se puede obtener; no centra su análisis en la pretensión de una reciprocidad en la que todos los actores reciban provecho.
Desde el neorrealismo, es comprensible que las islas se nombren Falkland y no Malvinas. Ante la declaración de guerra, los británicos actuaron en defensa de un territorio que les pertenece desde enero de 1833, cuando con la aceptación de la Doctrina Monroe (EE.UU.) tomaron el territorio y se lo arrebataron a los argentinos en un agresivo acto que confirmó el poderío británico en los mares del planeta. La tesis neorrealista contempla el uso de la fuerza militar para obtener lo que el interés nacional reclame en cualquier parte del mundo.
De lo anterior se desprende, por tanto, que si los episodios vividos entre los dos Estados se analizan desde esta corriente disciplinar, los británicos tienen razón de sostenerse en su determinación, ya que su derecho ganado se deriva de la posición dominante que tuvo y ha tenido en el sistema internacional. No podría ceder ante un estado más débil lo que logró a través de una política exterior estructurada sobre bases realistas (hoy neorrealistas).
De otro lado, está el neoliberalismo. Una visión teórica mucho más amplia en términos de autores, pero que descansa sobre bases kantianas -una confederación de estados legada por la Paz Perpetua (1795)-, mientras insiste que la anarquía internacional ha sido reemplazada por un sistema internacional con grandes organizaciones que regulan a los múltiples actores del mismo (caso ONU, OEA, Unión Europea, etc.). El diálogo y el consenso son la base de este postulado y la cooperación internacional es vista desde la óptica de las ganancias absolutas para todos los actores del sistema.
Con base en lo citado, Argentina es quien tiene la razón en el reclamo de una soberanía que perdió durante el siglo XIX, al no tener la capacidad militar para evitar que la flota británica, comandada por John James Onslow, tomara posesión de las islas.
A pesar de la desesperada e inadecuada declaración de guerra de la dictadura argentina en 1982 y de múltiples reclamos fallidos hechos por la Casa Rosada hasta hoy, sin los suficientes argumentos para lograr la desocupación, lo cierto es que el sometimiento hecho por los británicos durante el siglo XIX violó las normas del derecho establecidas para la época. Hubo una intervención tal que los neoliberales difícilmente pueden aceptar. De ahí que desde esta aproximación, es Argentina quien tiene el derecho de reclamo sobre las Malvinas, que hasta 1833 habían sido de su propiedad.
Al final triunfa la relatividad. Neorrealistas y neoliberales ven un mismo vaso con agua desde dos posturas muy lejanas. Para los primeros el vaso está medio vacío, mientras los segundos insisten en verlo medio lleno. Ante estas circunstancias es muy complejo darle la razón a cualquiera de los dos. Sin embargo, hoy las islas son las Falkland y no las Malvinas. Es Gran Bretaña quien tiene el control.