Fracturas en la “Urna de Cristal”

El pasado jueves 31 de mayo publicó el diario La República el Anuario de Competitividad Mundial que publica en Suiza el Institute of Management Development, -IMD.  Para este documento utilizó el IMD dos tercios de la información suministrada por los gobiernos e instituciones privadas y un tercio  proveniente de encuestas entre altos ejecutivos.  Analizó en él la competitividad de las economías de 59 países.  

Colombia resultó muy mal calificada y con tendencia a declinar, al pasar su desempeño general de la economía del puesto 46 en 2011, al 52 en 2012.  Pero las calificaciones más catastróficas emergen en educación, sector en el cual ocupamos el último lugar, sí, el puesto 59 entre 59, en tanto que en infraestructura figuramos en el puesto 57, también entre 59.

Las fallas de nuestro sistema educativo son interminables.  La educación pública se limita a inculpar al Gobierno y a centrar casi todos los problemas de nuestra educación en la carencia de recursos y de autonomía.  Le apuntan más a interferir en la vida política que a mejorar la educación.  

Entiendo que los profesores no admiten en Colombia la evaluación de sus competencias profesionales,  la cual es la causa de la baja calificación de nuestro sistema educativo. La cantidad de estudiantes y de graduados parece ser más importante que la calidad.  En no pocas de nuestras universidades dictan cátedra los peores egresados, los que no pudieron laborar en el mundo real.  Entre nosotros, no abundan los ingenieros, médicos, abogados… con verdadera vocación para la enseñanza y la investigación.

Algunos comentarios sobre la educación japonesa.   Allá son obligatorios para todos seis años de primaria y tres de bachillerato infantil, los cuales financia y controla estrictamente el gobierno para la mayoría de la población. Luego vienen tres años de bachillerato juvenil y cuatro de universidad.  En estos últimos siete años la educación privada juega un papel sumamente importante.

 El 46% de la población japonesa ingresa a la universidad y tan sólo el 2% desiste antes de completar los 9 años iniciales, como resultado del bajo desempleo y de la buena salud.  
Como pueden constatar los padres que lean estas líneas, en Colombia disfruta anualmente el sector educativo entre 10 y 12 semanas de vacaciones.  En Japón tan solo gozan por año de seis semanas en verano y de dos en diciembre, tras una jornada diaria de seis horas durante seis días de la semana. Algo más, durante las vacaciones deben realizar algunas tareas los estudiantes japoneses.

El resultado de todo esto es que los niños en Japón, a las cinco o seis años, no solamente saben leer su difícil japonés, sino que ya se defienden con un segundo idioma, el inglés por lo general.  Los conocimientos idiomáticos son casi nulos, aún entre la gran mayoría de los profesores universitarios de Colombia. Y los conocimientos matemáticos son igualmente insatisfactorios.

Estudios como este de IMD no hacen más que recordarnos que nuestro país adolece de instituciones competentes en seguridad, justicia, educación, salud, infraestructura, natalidad responsable…