Juegos Olímpicos: la globalización en su máxima expresión

Los Juegos Olímpicos han restaurado mi fe en el poder de la globalización. He sido un gran fan de los Juegos Olímpicos desde que era un niño creciendo en un pequeño pueblo de Pennsylvania. Siempre me fascinaron el número de medallas, las historia de éxito contra viento y marea de algunos participantes y el hecho de que incluso las naciones al borde de la guerra podrían reunirse pacíficamente en el campo de deportes.

El pasado domingo por la noche, cuando los portadores de las banderas de cada nación entraron al estadio Olímpico de Londres para cerrar los Juegos del 2012, lo hicieron unidos como un conjunto y no como países individuales. Mientras miraba la ceremonia de clausura en la comodidad de mi sofá en Miami y veía al equipo holandés cantando Oasis, a los rusos bailando Fatboy Slim y a todo el mundo animando a Pelé, me di cuenta que algo único estaba ocurriendo. Esto es lo que la globalización puede y debe ser; la integración de sociedades y naciones de todo el mundo apoyadas de la comunicación y la tecnología y unidas por ideas y actividades comunes. Cada espectador, fan y atleta se sintió como parte de los Juegos Olímpicos de Londres.

La globalización a menudo obtiene una mala reputación y es cierto que tiene su lado oscuro. Pocos defienden la globalización cuando una crisis de vivienda doméstica conduce a una recesión global o el precio mundial del trigo o del arroz conduce a disturbios en lugares como Egipto y Haití. Sin embargo, ejemplos positivos del efecto de la globalización como los Juegos Olímpicos son más comunes de lo que pensamos y deben ser celebrados y replicados.

Estas son cuatro lecciones “Olímpicas” para nuestra economía global:

Los Juegos Olímpicos han establecido un estándar de reglas y normas internacionales que son acatados por más de 200 países. Los atletas cubanos siguen las mismas reglas que los estadounidenses y viceversa. Cada equipo está comprometido con el juego limpio y es juzgado por su desempeño.

Los Juegos Olímpicos representan la esencia misma de la competitividad. La excelencia se premia y promueve. Cada atleta trabaja para batir el récord mundial y ganar la medalla de oro. La mayoría de los deportes son juzgados por el reloj y los niveles de riqueza o poder no se traducen en ventajas. Mientras que los países más grandes y ricos tienden a ganar más medallas, Jamaica y Granada encabezan la clasificación en Londres, cuando se toma en cuenta el PIB y la población.

Las Olimpiadas modernas celebran la mezcla de culturas y personas. Durante dos semanas,  los atletas de todo el mundo comen, duermen y entrenan juntos en la villa Olímpica mientras intercambian experiencias e ideas. Se celebra la participación de inmigrantes y se les valora como adiciones a la selección nacional. Una de las más grandes estrellas de los juegos fue el corredor británico Mo Farah nacido en Somalia. Eso no impidió que la multitud británica lo aclamara con tal fuerza que parecía, literalmente, que lo empujaron alrededor de la pista durante las dos carreras en las que ganó medallas de oro. El equipo de EE.UU. contó con 38 atletas inmigrantes en Londres incluyendo a ganadores de medallas nacidos en Cuba, México, Jamaica y Hungría. No hay duda de que son estadounidenses.

Por último, los Juegos Olímpicos refuerzan el orgullo nacional, más no el nacionalismo. Los juegos acercan a los países para agruparse en torno a sus atletas pero también para celebrar el deporte mundial. Cuando Usain Bolt ganó la medalla de oro en la víspera del 50vo aniversario de Jamaica de la independencia de Gran Bretaña, los jamaiquinos sintieron orgullo, no por vencer a los británicos, sino porque realmente brillaron en el escenario mundial. Los británicos aplaudieron tan fuerte para Bolt, como sus propios atletas.

Cuando era niño siempre me entristecía la culminación de los Juegos Olímpicos y deseaba que todos los años fueran años olímpicos. Como adulto estoy mejor preparado para manejar el final de los juegos, pero como alguien que cree firmemente en la promesa y el poder de la globalización, me gustaría que todos los días fueran un poco más “olímpico”.