La búsqueda de la felicidad

Varios economistas prominentes, al igual que el pequeño reino asiático de Bután, están abogando para que miremos más allá de los indicadores económicos tradicionales y empecemos a medir la felicidad. Cuando pensamos en el desarrollo económico casi siempre nos centramos en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, varios estudios han encontrado que un crecimiento más rápido de la producción no se traduce necesariamente en mayor bienestar.

Teniendo en cuenta la devastadora crisis financiera mundial, que reveló que el crecimiento del PIB en los países  desarrollados durante los últimos veinte años se vio impulsado por el acceso a crédito barato en lugar de una mejora en la calidad de vida, es hora de echar otro vistazo a la forma en que se está midiendo el progreso económico. Nuestra felicidad futura depende de ello.

"El desarrollo no puede ir en contra de la felicidad", dijo el presidente de Uruguay, José Mujica, durante un discurso en la Conferencia Río +20 la semana pasada. "Tiene que ser a favor del amor, de la preservación de la tierra. Se deben facilitar las relaciones humanas, cuidando de los hijos, y teniendo amigos".

Si el desarrollo no nos hace felices, ¿qué sentido tiene? El dinero es importante, especialmente para los pobres, pero muchos estudios demuestran que una vez se llega al estado de ingresos medios, la relación entre el ingreso y la felicidad se rompe.

El PIB,  que equivale a la suma del consumo privado, la inversión bruta, el gasto gubernamental y el comercio (exportaciones menos importaciones), claramente pasa por alto algunos aspectos clave de lo que nos hace prósperos y felices. Podemos extraer y exportar todo el petróleo o los minerales que queramos y que sin duda impulsarán nuestro PIB, pero tendrán poco impacto positivo en nuestro bienestar.

El ganador del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz también señala que el PIB no refleja mejoras en la calidad y se puede premiar la ineficiencia. Por ejemplo, el PIB es impulsado por la producción de más coches, pero no mejores vehículos. El PIB crece si el gobierno aumenta el gasto, incluso si este gasto es un desperdicio. El economista Jeffrey Sachs considera que el enfoque en el crecimiento del PIB está dando lugar a un consumismo creciente y a la degradación ambiental. La mayoría de los gobiernos son juzgados por el desempeño del PIB promoviendo el consumo y la extracción de recursos naturales, dos grandes motores de crecimiento del PIB.

Hay algunas pocas medidas alternativas que ya están en uso. Bután ha optado por centrarse en la Felicidad Interna Bruta (FIB) con el fin de construir una economía que esté más alineada con sus principios budistas. El New Economic Foundation (NEF), un think tank británico, produce el Índice del Planeta Feliz (HPI), que mide "el grado en que los países ofrecen una vida larga, feliz y sostenible para las personas que viven en ellos." Utiliza la expectativa de vida, la experiencia del bienestar y datos del impacto ambiental de los países.

Cuando analizamos el PIB per cápita de América Latina, la mayoría de los países clasifican en algún punto intermedio, no son los más ricos, pero tampoco los más pobres. Sin embargo, la región se destaca en el ranking de la felicidad. De acuerdo con el HPI, Costa Rica ocupa el primer lugar, seguido por Vietnam y Colombia. En general los países de ingresos medios en América Latina y Asia tienen mejores indicadores que los Estados Unidos (que ocupa el lugar 105 º) y Europa Occidental. Estos países tienen una larga expectativa de vida, niveles de ingresos moderados y las economías que tienen un menor impacto ambiental.

El HPI es demasiado simplista para convertirse en una medida estándar. No tiene en cuenta algunos factores importantes como la delincuencia, la violencia y la desigualdad. Sin embargo, las medidas de felicidad que existen señalan que una mayor producción no siempre se traduce en un incremento en el bienestar general.

Tenemos que mirar más de cerca lo que nos hace felices, como la confianza, las redes sociales, un medio ambiente limpio, un trabajo adecuado, la salud y la vivienda. El PIB es una medida inadecuada y puede centrar la atención en áreas equivocadas. Ha llegado el momento de que los estadistas centren su atención en la búsqueda de la felicidad.

*Editor económico de Noticias Univisión