¿La expropiación está de moda?

Desde hace unas semanas la palabra expropiación se volvió común en los diferentes medios de comunicación debido a lo ocurrido en Argentina y Bolivia pero sería importante analizar si alguna de estas acciones tendrá efectos en materia de inversión para América Latina.

Primero comencemos por definir que es expropiar. Expropiar hace referencia a una conducta desarrollada por la administración pública para privar a una persona de la titularidad de un bien o de un derecho a cambio de una indemnización y se encuentra dentro del marco de la ley. En el caso de Argentina y Bolivia, estas acciones han tomado por sorpresa a los españoles, ya que en días previos, el presidente de España Mariano Rajoy había defendido la situación de la empresa Española Repsol en Argentina.

Posteriormente, se conoció la decisión gubernamental de expropiar el 51% de las acciones de la empresa petrolera YPF, controlada por la española Repsol, argumentando que la empresa tenía una insuficiente inversión y una escasa producción llevando al país a importar gas y petróleo durante el 2011. En las cuentas de los argentinos no se piensa pagar nada a Repsol ya que, según sus estadísticas, entre lo que invirtió Repsol en 1999 y lo que le fue girado por concepto de dividendos desde esa fecha, la operación da cero.

Pocos días después, el presidente boliviano Evo Morales dispuso la expropiación del total de las acciones de Red Eléctrica Española (REE), empresa transportadora de energía en Bolivia defendiendo la insuficiente inversión que la empresa ha hecho en 16 años, de acuerdo a sus cifras. Desde que llegó al poder en el 2006, el mandatario ha nacionalizado empresas eléctricas, de hidrocarburos y de minas, entre otras. Sin embargo, a diferencia de Argentina, Bolivia ha nacionalizado indemnizando a las compañías.

Si bien es cierto esto último hace diferenciar los dos casos, aunque no altera el desenlace actual: la expropiación por parte de países de la región. Adicionalmente, estas medias que impactan las relaciones comerciales ponen a pensar a otras compañías internacionales que ya se encuentran en América Latina y a aquellas que deseen invertir.

Según cifras de la Cepal, la inversión extranjera directa (IED) Latinoamérica y el Caribe captó recursos por US$153.448 millones, valor que representa el 10% de estos flujos mundiales. Mientras en el 2010 y en el 2009 recibió alrededor de US$120 mil millones y US$81 mil millones, respectivamente. Un crecimiento cercano del 2010 al 2011 de un 30% siendo la región donde más crecieron las entradas de IED.

De acuerdo a este informe los que más recibieron inversión fueron Brasil (US$66.660 millones) representando un 43,8% del total de flujos, México (US$19.440 millones), Chile (US$17.299 millones), Colombia (US$13.234 millones), Perú (US$7.659 millones) y Argentina (US$7.243 millones).

En los últimos años la región se ha vuelto uno de los destinos favoritos de los financieros gracias a un crecimiento económico mayor al de los países desarrollados. Las inversiones europeas principalmente están dadas en el sector bancario y energía eléctrica, y como bloque es el mayor inversionista de la región. Por países, en el 2011, entre los principales inversores se destacan Estados Unidos (18%) y España (14%).

En el caso puntual de Argentina, hace 15 años, cuando se privatizó YPF era el segundo o tercer destino de la IED venia después de Brasil con México o antes de México ahora está en el sexto lugar, siendo la segunda mayor economía de América del Sur. A esto se suma que incluso los sectores de la oposición aplauden esta decisión.

Por su parte, las agencias calificadoras comienzan a sentirse, Standard & Poor's ha puesto en perspectiva negativa la solvencia de Argentina advirtiendo con degradar su calificación que se encuentra en la zona de "bono basura", tras analizar las decisiones políticas adoptadas por el gobierno incluyendo la estatalización de YPF y las restricciones impuestas al comercio internacional.

Por ahora, es prematuro hablar de tendencias por estos dos casos puntuales aunque sí es claro que existe un proteccionismo en algunos estados de la región, ésta vuelve a ser una oportunidad para países como Colombia que continúa siendo una nación con una normatividad estable y atractiva para la inversión.