La situación cafetera

La situación de los cafeteros y la producción de grano sigue siendo una preocupación de las instituciones.

Esta semana en el Senado de la Republica hubo un nuevo debate sobre el tema. Se recordaron viejos tiempos, cuando los cafeteros de Colombia producían 16 millones de sacos al año, también las causas del descenso en su producción: el rompimiento del pacto cafetero en 1989, lo que produjo un reacomodamiento en la oferta y la demanda, siendo Colombia uno de los mayores damnificados. Surgió el boom de los cafés asiáticos como el que se produce en Vietnam, de menor calidad que el nuestro, más barato, con menores costos de mano de obra.  

Sin pacto cafetero, la producción del café brasilero se disparó, en detrimento de la caficultura colombiana. La década del noventa fue marcada por el ascenso y multiplicación de la guerrilla que dominó vastas zonas del país, especialmente  departamentos cafeteros: Antioquia, Tolima, Huila, Cauca, Caldas, entre otros, no fueron ajenos a este flagelo y, por si algo faltara vino la roya, otra plaga que se ensaño contra el café. En los últimos años fenómenos climáticos como el de la niña acabo con el 50% de la producción del café. A pesar de ello la disparada del precio del café que coincidió con la ola invernal permitió que el año anterior las exportaciones del grano superaran los $5 billones, cifra jamás recibida por los caficultores colombianos que hoy, a diferencia de décadas anteriores reciben el 96% del precio del café exportado a través de la federación nacional de cafeteros.

Vale la pena destacar que se acabaron las épocas en que la Federación de Cafeteros con recursos del gremio, creaba o adquiría empresas que poco o nada tenían que ver con la actividad cafetera, como la Flota Mercante Gran Colombiana o la empresa  de aviación Aces, de la que solo quedaron perdidas.

Se enfrenta hoy la Federación a enormes desafíos con el propósito de recuperar para los cultivadores y para la actividad económica del país elevados estándares de crecimiento. Quinientas ochenta mil familias cafeteras dedicadas a este cultivo representan un activo social que trasciende nacionalmente, máxime si tenemos en cuenta que el 95% de los caficultores no son propietarios de más de 5 hectáreas cultivadas.

Frente a este panorama, elevar la productividad de la hectárea de café es fundamental tal como lo ha afirmado el Gerente Nacional del Gremio, el Dr. Luis Genaro Muñoz y para este propósito ha desplegado la más grande renovación de cafetales envejecidos, reemplazándolos por variedades resistentes a las plagas. Esta tarea  elevara sustancialmente la productividad de los cafetales por lo que se prevé para este año una cosecha que supere a la del año anterior en 1 millón y medio de sacos, con proyecciones ascendentes en los años venideros.

Con ese objetivo el Comité Nacional de Cafeteros apalancado con el presupuesto nacional ha destinado en ayudas para los cafeteros más de $357.000 millones en créditos. Sin embargo, es necesario que el estado colombiano ayude con mayor presupuesto, no solo a los cafeteros sino a todos los agricultores y ganaderos del país a sustentar sus pequeñas empresas porque lo que está en juego es la seguridad alimentaria de Colombia, la permanencia de nuestros compatriotas en el campo, su contribución para mantener a raya fenómenos macroeconómicos como la inflación, la generación de miles de empleos.

Los países industrializados, protegen a sus campesinos como una joya de la corona, lo propio debemos hacer nosotros, máxime ahora que estamos en bonanza minera, que entre otras cosas tiene alto costo para el campo colombiano, el que debe compensarse con creces y al que hay que ofrecerle  seguridad plena porque, sin ella, esta actividad no es posible.