La vista desde el otro lado de la calle

He escrito bastante en las últimas semanas acerca de la Cumbre de las Américas en Cartagena, pero todavía falta profundizar un poco en un episodio que se quedó en mi cabeza.
 

Durante una cena de recepción que tuvo lugar frente al Castillo San Felipe en la noche de la inauguración de la Cumbre, pude tener un vistazo tanto del progreso de America Latina como todo lo que le falta por recorrer a la región. El imponente Castillo fue el escenario perfecto para la elegante cena al aire libre a la que asistieron jefes de Estado, directores ejecutivos y otros participantes de la Cumbre que se encontraban en la ciudad para discutir las relaciones políticas y económicas de nuestro hemisferio. El poder que estaba presente en Cartagena durante esa noche y durante todo el fin de semana fue inmenso; había una sensación de que se pueden lograr cosas grandes en las Américas.
 

Al salir de la cena de esa noche y cruzar la calle hacia la ciudad nos encontramos con un numeroso grupo de observadores que se habían reunido para observar a los distinguidos invitados que iban y venían. Mirando el lugar iluminado desde el lado oscuro de la calle, la vista era muy diferente.
El encuentro lujoso en frente de la antigua fortaleza parecía lejano e inalcanzable. Más allá de las cuerdas y el personal de seguridad, el mundo real no era tan glamoroso ni cómodo como las cenas y reuniones que estaban teniendo lugar durante la Cumbre.
 

Como visitante de lugares como Cartagena, que se están desarrollando y modernizando a un ritmo rápido, es fácil pasar por alto las zonas de extrema pobreza y de lucha que aún quedan. A menos de que usted esté mirando por la ventanilla del avión durante el aterrizaje o despegue es muy probable que pierda de vista las decenas de chozas con techo de zinc que rodean el aeropuerto de Cartagena.
 

Sin importar lo que me gustaría creer, no vivimos en un mundo donde unos pocos años de crecimiento del PIB del 5% puedan, por arte de magia, lavar décadas de pobreza y desigualdad. Todavía hay mucho trabajo duro por hacer.
 

No quiero criticar a Cartagena o a Colombia porque sí, sino los menciono como ejemplos de historias de éxito que están progresando, pero aún no han concluido. Colombia ha experimentado un increíble desarrollo económico y político, pero todavía tiene mucho camino por recorrer para convertirse en un país próspero y desarrollado. En muchos sentidos, es un indicador para la región.
 

América Latina como región está en el camino correcto para una década de crecimiento sólido y sostenido. Sin embargo, este crecimiento en gran medida procede de la demanda aparentemente insaciable de China de recursos naturales. El crecimiento a largo plazo se basará más en lo bien que a los pobres de hoy les vaya en la economía del mañana. Para tener un futuro mejor y más sostenible, los pobres necesitan una mejor educación y formación. Más personas necesitan encontrar oportunidades en la economía formal.
 

A medida que la economía mundial es impulsada cada vez más por la tecnología, debemos desarrollar habilidades en la región que puedan competir con China y el resto de Asia. Debe ser más fácil para los empresarios de las Américas poder iniciar nuevos negocios que desafíen a los campeones actuales y les permitan competir a nivel mundial. El niño que creció en las afueras de Cartagena, Monterrey o Miami necesita sentir que él o ella tiene la oportunidad de participar en el desarrollo y éxito de su país.
 

Tanto Colombia, como otros países del hemisferio están en el camino correcto, pero debemos recordar que en la mayoría de los casos de la región, a los más poderosos y privilegiados, como los invitados al Castillo San Felipe, les está yendo muchísimo mejor que al ciudadano promedio. Sin embargo, la expansión de su riqueza y éxito dependerá en gran medida de la rapidez con la que estos puedan ponerse al día.
 

En Cartagena tuve un vistazo de un futuro económico brillante para nuestro hemisferio, pero también recordé el trabajo que aún queda por hacer. A veces es importante poder tener la vista de ambos lados de la calle.