Los maestros importan

Existe un fuerte consenso entre expertos de política educativa que la calidad de los maestros es el factor de mayor impacto en la enseñanza y aprendizaje de los estudiantes en la escuela. Sin embargo, esta en gran discusión la forma de lograr maestros de calidad. ¿Se generarán a través de mejoras salariales? ¿De mayor capacitación? De mejores exámenes de selección? ¿O simplemente abriendo el sistema para que cualquier pueda ser un maestro de escuela, sin importar de que profesión provenga?

De varios de estos tema trata el reciente libro de Marcus Winters "Teachers Matters", profesor de la Universidad de Colorado, que lleva al lector a las diferentes reformas que en Estados Unidos están involucrando a los docentes. Como señala Joel Klein, ex Secretario de Educacion de New York, en su prólogo al libro "hicimos una errónea apuesta a cantidad, con más docentes, clases más pequeñas, días más largos; en vez de invertir en calidad, es decir, tener mejores docentes".

En 1961, 23,5% de los maestros tenían una maestría o más; en 2001, 56,8% tenían como mínimo una maestría. La relación maestro-estudiante también cambió rotundamente, de 22 a 1 en 1970, a 16 a 1 en el 2000, una reducción de aproximadamente 30% en el tamaño de las clases en los últimos 30 años, de acuerdo al estudio de Bradley Allan and Roland Fryer, publicado por el Hamilton Project. Sin embargo, parecería que la calidad de enseñanza cambia en las escuelas, dependiendo de la calidad de los maestros, y menos de otros factores.

En muchos aspectos, tanto demócratas como republicanos acuerdan en la necesidad de establecer evaluaciones sistemáticas de los maestros, y vincular la remuneración a la performance. El Presidente Obama ha hecho mención a estos temas en repetidos discursos, y promovido estas ideas en su bien valorada iniciativa "Race to the Top".

Sin embargo, en la realidad, en pocos estados se han implementado estas reformas, y todavía se vincula el desempeño de los maestros a su nivel formativo y sus años enseñando, más que al aprendizaje de sus alumnos.

Otro importante componente del debate  tienen que ver con el acceso inicial a la carrera docente. Tema de gran sensibilidad política, y que compara con otras profesiones como médicos, arquitectura y algunas ingenierías. Existen dos escuelas de pensamiento muy definidas. Una, que es la defensora de la realidad actual en casi todos los sistemas educativos del mundo, aboga por contar únicamente con maestros que se hayan graduado de la carrera docente y hayan cumplido con una certificación específica. Winters promueve la contraria, sosteniendo que habría que permitir que profesionales de otras carreras puedan enseñar. "Cualquier graduado universitario, que quisiera ser docente, y convencer a una escuela que lo contrate, debería tener la oportunidad de enseñar".

Winter asigna enorme importancia a la evaluación. "Ninguna reforma propuesta en este libro puede funcionar efectivamente sin adoptar primero una herramienta que contribuya a distinguir entre buenos y menos buenos docentes".  En muchos estados, entre ellos buenos ejemplos son Florida, Washington, DC, se está promoviendo una evaluación que sea tanto cuantitativa como cualitativa, vinculada a la performance de los estudiantes, y uno únicamente a la formación del maestro y su nivel de seniority.

Para terminar, el autor dedica extensa investigación a la compensación de los maestros, principalmente diciendo que un sistema salarial basado únicamente en formación, capacitación y años de enseñanza, no es el mejor para incentivar a los maestros, y atraerá los mejores a la profesión. Winters promueve una compensación que tenga en consideración también el impacto del maestro en la enseñanza de sus alumnos.  

El libro presenta muy interesante propuestas priorizar a los maestros como principal componente de un sistema de enseñanza de calidad, desafiando el conocimiento convencional. Y en esa línea, una principal contribución se refiere a fomentar el análisis cuantitativo en el estudio de la realidad educativa, como sucede en otras ciencias sociales.