Los mercados están de locura

Esto de la economía amenaza con volver loco al más cuerdo de los inversionistas. Bajan o suben las exportaciones sin mostrar una tendencia confiable; entran y salen actores del mercado mundial. Y con cada uno de estos movimientos se agitan los precios de los comodities que son clave en las finanzas de todos los gobiernos.

En el caso colombiano, el café suave que se cotiza en la Bolsa de Nueva York, después de varios meses al alza, viene en bajada presionando la economía de nuestros cafeteros por la constante caída en el valor del grano y la permanente  revaluación del peso frente al dólar. Igual pasa con el petróleo, un comoditi sensible en cualquier economía desarrollada o no.

Fueron varios años de pésimos precios, incluso por debajo de los 60 centavos de dólar y después, cuando poco café había, por la renovación de cultivos, empezó la bonanza con un dólar cada vez más desvalorizado. Ahora, los precios bajan más rápido de lo que subieron y el billete verde nada que levanta cabeza.

Hay varias teorías sobre los efectos del café entre sus consumidores. Que quita el sueño, que produce estrés o que, definitivamente, está bien para acompañar una buena charla.

Pero sucede que los nervios por la crisis financiera en Europa también están frenando las compras de café, entre otros, al igual que mueven dramáticamente los precios del petróleo WTI que se cotiza en Wall Street.

El petróleo, al igual que el café, oscila en precios desde 2008, una tendencia que podría crecer porque Rusia, la novena potencia exportadora, acaba de convertirse en el miembro 156 de la Organización Mundial del Comercio, OMC. Y la tierra de Putin está entre los grandes exportadores de carbón, gas y petróleo.

La libra de café en Nueva York bajó a menos de 1,60 dólar la semana pasada y en lo corrido del año su valoración en bolsa ha perdido más del 30%. Esa mala racha se suma a la confirmación de la Organización Internacional del Café, OIC, que calcula descenso de la actual producción mundial del grano de 134,4 a 131,4 millones de sacos.

Pero con todo y que el café debería estar caro, los mercados siguen moviéndose y el comercio mundial sigue su marcha. Allá en esa fría tierra rusa ya hay tiendas Juan Valdez y el aromático café colombiano empieza a ganar algo de terreno.

Este análisis bien podría hacerse extensivo a otros comodities, pero preferimos no incrementar el desasosiego que esto puede provocar en los inversionistas. Es sólo que llama poderosamente la atención el hecho de que los mercados, especialmente después de la crisis financiera global del 2008, se han convertido en un campo minado, no apto para cardíacos; sin tendencia definida y clara para hacerse a un portafolio pensando en ganancias.

Añoramos los tiempos en que invertir era un riesgo más calculado, que se podía contar con ganancias solidas y que había espacio para moverse entre los papeles, los comodities o los bonos.

Es cada vez menos fácil predecir dónde invertir y hasta nuestros analistas parecen buscar afanosamente una bola de cristal, que no encuentran, para evitar moverse en terrenos poco productivos. Y todo indica que este síndrome seguirá así, mientras el nerviosismo continúe.