Analistas

Los traspiés a pesar de los buenos indicadores

El 2013 inició con grandes interrogantes avivados por la desaceleración de la industria manufacturera que reiteradamente advertimos desde 2010; la caída del empleo y el flojo crecimiento del tercer trimestre de 2012. Recientemente se anunció la reducción de la tasa de interés de referencia en 25 puntos básicos, así la tasa base para la subasta de expansión se ubicó en 4%. La medida tomada por el Banco de la República estimulará directamente al sector real y a los hogares -sin afectar la inflación- en la medida de que todo el sistema financiero deberá reducir las tasas de colocación, se espera entonces un incremento tanto del crédito de consumo, hipotecario y comercial, reactivando el consumo doméstico.  

Desde la Coalición para la Promoción del Desarrollo Industrial reiteramos varias veces al Gobierno la importancia de promover políticas activas de “compras estatales” y de “compre producto colombiano”que permitan incrementar las ventas de bienes y servicios domésticos, como parte indispensable para la recuperación de la economía. Dichas políticas como se ha demostrado en otros países, son positivas además, puesto que facilitan a la industria la actualización de equipos y plantas y las inversiones en innovación, con lo cual se espera que incremente la productividad y competitividad de las diferentes ramas productivas (en la actualidad el 56% de las ramas registran más de 2 trimestres de caída en la producción). 
Aunque Colombia tenga una de las tasas de interés más bajas de la región aún no se puede afirmar que dicha medida neutralice la revaluación del peso, que aumentará fatalmente la tasa de mortalidad de la industria manufacturera. Es cierto que se ha reducido el diferencial de tasas a nivel local e internacional, pero incluso así siguen ingresando una gran cantidad de inversiones, en especial al sector minero energético, lo que sumado a los altos precios de las materias primas, los costos excesivos en la energía y el gas de Colombia comparados con los que pagan los países competidores del nuestro, limitan drásticamente las posibilidades de competir de las diferentes ramas. 
Colombia necesita una política de reindustrialización que combine estrategias micro con estímulos a los encadenamientos productivos que garanticen la disponibilidad de materias primas, aumenten la innovación y por ende la competitividad en manufacturas, así como incentivos tributarios temporales para la inversión en subsectores estratégicos como lo propone Pedro Pablo Kuczynski para Perú. De igual manera, debe priorizarse el desarrollo de la infraestructura y la logística vitales para aprovechar los tratados de libre comercio firmados, actuar en la reducción de los costos de producción, facilitar los trámites y actualizar regulaciones que ya no aplican. 
Durante varios meses insistimos en los estragos que para la marroquinería y en general las manufacturas de cuero traerían las exportaciones reales y a veces ficticias de cuero crudo o cuero azul; así como las consecuencias graves para la industria siderúrgica por las restricciones en el acceso a la chatarra, puesto que en ambos casos se trata de materias primas indispensables para lograr producciones competitivas internacionalmente. 
Resulta paradójico que, mientras gracias a la oportuna intervención del Congreso y al apoyo del Ministro de Hacienda el caso de la chatarra se resolvió en la reforma tributaria gravando con IVA el mercado de esta materia prima para formalizarlo; por el contrario, en el caso del cuero, solo hoy se da cuenta el Ministerio de Comercio Exterior y solo ahora atienden de manera extemporánea las solicitudes y recomendaciones que hace 17 meses se le presentaron para evitar que salga el cuero crudo del país. Es irreparable el daño ya hecho a las manufacturas de cuero que otrora generaban cientos de millones de exportaciones y empleos, así como a la industria farmacéutica que requiere las gelatinas derivadas del cuero para los medicamentos en cápsula. 
Mucho se habría logrado con una verdadera política de reindustrialización transversal que promoviera la competitividad si el tema hubiera tenido cabida como una locomotora del Plan de Desarrollo de la Administración Santos, pero lo impidieron funcionarios arrogantes y ahora de bajo perfil. Por ello, estamos en el peor de los mundos con salvaguardias, ayudas y subsidios improvisados y a la carta según el poder de cabildeo del respectivo sector o industria y no como parte de una verdadera política industrial que el país ha debido tener.