No es la Fed, sino Washington

Toda la atención se concentra en las decisiones que tome la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) como si ellos tuvieran el poder divino de  hacer multiplicar los trabajos. Ademas, donde tiene que estar la atención no es sobre la Fed, sino sobre Washington. 

La última decisión de la Reserva Federal
La Fed anunció la compra de bonos apostando incentivar la economía. Es la tercera vez que hace este tipo de acciones desde que estalló la crisis en el 2008.
 
US$40.000 millones al mes en compra de títulos respaldados por hipotecas de manera indefinida. Esto se suma a los US$45.000 millones al mes en compra de bonos a largo plazo. También imprimirá más dinero para financiar sus compras de bonos respaldados por hipotecas, expandiendo el tamaño de su balance, que asciende a US$2,8 billones. Además anunció extender la tasa de interés interbancaria, que es la que se cobran entre bancos por dinero a corto plazo, hasta el 2015, en vez del 2014  como lo había hecho hace unos meses. La tasa actual está en el rango de 0%-0,25% históricamente baja y por mucho tiempo.  
 
¿Qué busca la Fed con esta batería de medidas poco convencionales que ha desplegado desde la crisis financiera? Son estímulo financiero para dar impulso al alicaído mercado inmobiliario, estimular el gasto y la inversión. ¿Cómo? Al comprar títulos lo que busca es reducir las tasas de interés a largo plazo -especialmente para las hipotecas- y empujar al alza el valor de activos como acciones y viviendas.
 
¿Comprar bonos o evitar el abismo fiscal?
Sin entrar en el debate de si será efectiva o no la acción – hay división entre los especialistas según encuesta de The Wall Street Journal-, que es más importante y urgente, ¿la Fed comprando bonos o Washington evitando el abismo?
 
La economía estadounidense está perdiendo fuerza. Tiene un desempleo alto, la crisis europea que afecta la exportación en Estados Unidos. Las empresas están haciendo más con menos siendo más productivos sin tener que aumentar la nómina. La demanda interna es débil porque los consumidores tienes estados financieros pobres. El pasado miércoles, el ingreso de las familias bajó por cuarto año consecutivo y el ingreso mediano cayó 1.5% entre el 2010 y 2011.  
 
Detrás de todo esto hay un punto en común, un hilo conductor: incertidumbre. Incertidumbre laboral, incertidumbre comercial, incertidumbre económica, incertidumbre política e incluso militar. Y ante este panorama pregunto: en un ambiente de incertidumbre, ¿conviene traer más incertidumbre? No. Entonces qué pasa con Washington que no ayuda.
 
Hay una serie de leyes actuales que vencen este año. Si no se renuevan habría una serie de aumentos impositivos y recortes de gastos públicos el próximo año que suman US$570.000 millones, o 4,0% del producto interno bruto. Esto se conoce como el “abismo fiscal”. ¿Conviene que suban los impuestos y se recorten gastos en estos momentos?
 
Y para sumar a este cuadro económico, la deuda nacional pasó los US$16 billones. Estamos cerca de otro aumento del límite de la deuda legal porque actualmente el límite es de casi US$16,4 billones. Lo que implica otra negociación entre republicanos y demócratas, en un Washington dividido y año electoral.
 
Ya Moody’s advirtió: si los poderes políticos no se ponen de acuerdo para evitar el abismo fiscal y bajar el nivel de deuda actual, ustedes pierden la calificación triple A. Simple.
 
Lo que suma la segunda agencia. Standard and Poors despojó a Estados Unidos de su calificación “AAA” el año pasado, luego de que el Congreso no lograra acordar un plan de largo plazo para reducir el déficit fiscal y que las rencillas políticas dejaran al país al borde de la cesación de pagos.
 
Ni la Reserva es la fuente de todas las soluciones, ni Washington es la fuente de todos los problemas. Pero, hay un problema económico y este tiene un punto común: se llama incertidumbre.Y Washington no ayuda a bajarla. Toma nota.