No queremos seguir encerrados

Como colombiano me preocupa que la falta de infraestructura nos haga perder opciones de mercado mundial. Pero como paisa que soy, aunque La República se edita en Bogotá, me asusta que por ausencia de visión, los antioqueños nos quedemos encerrados y sin vías hacia los puertos.

Independientemente de la situación jurídica que enfrenta ISA por el futuro del proyecto Autopistas de la Prosperidad (antes Autopistas de la Montaña), debe prevalecer el interés de desatascar al país.

Durante este año hemos oído mucho debate, pero poca claridad sobre cómo y cuándo se harán realidad las grandes mega obras. El problema de infraestructura es serio. Inclusive los más resignados han propuesto que al menos se haga el tren de Caucasia a Necoclí para contar con una red férrea que permita agilizar el comercio del carbón, níquel o las materias primas. Porque sencillamente ¡No tenemos vías!

El país necesita que haya vías que agilicen la carga y reduzcan los costos del comercio internacional, para que Antioquia y Medellín no se queden atorados y encerrados entre sus propias montañas, con el riesgo de ser desplazados por ciudades como Barraquilla o Cali.

Mientras se construye la doble calzada a Buenaventura que hará de Cali un paraíso para los industriales exportadores, la Puerta de Oro de Colombia está mejorando el ranking de competitividad por su envidiable cercanía al mar.

El puerto de Curramba la Bella mueve contenedores con más de un millón de toneladas con cerámicas y se despachan al exterior casi tres millones de  toneladas de carbón. Provoca envidia de la buena.

Pero también por esta vía se importa acero y granos, lo que le significa un potencial para la zona para manejar casi 6 millones de toneladas anuales. En cambio en Medellín, aunque nos suena mucho la idea, apenas si se habla de un proyecto de US$250 millones para ampliar la red del Metro hacia el oriente de la ciudad. Buena esa, pero y ¿hacia fuera qué?

La infraestructura es clave y merece especial atención, sino, miremos la fiesta de conmemoración de los 75 años del famoso puente de San Francisco, Golden Gate. Inaugurado en mayo de 1937, con sus 2.737 de largo y 27 de ancho, en su momento fue el puente colgante más largo del mundo. Hay que trabajar mirando al futuro, porque nosotros nos asustamos cuando se habla de construir un  túnel.

Una visión futurista es la que quisiéramos que imperara en torno a la denominada Autopistas de la Prosperidad, que parece una quimera viable y urgente.

Es una ironía que después de tantos años de debates y discusiones, ahora con el  Tratado de Libre Comercio (TLC) bajo la manga, la importación de alimentos haya aumentado más de 50%, mientras no hay vías o infraestructura para competir en el exterior.

Con Autopistas de la Prosperidad estaríamos menos expuestos a los problemas del invierno que ensaña con nuestros productores quienes ven como se pudren sus productos porque no hay manera de llevarlos a puerto comercial.

Para los 900 kilómetros de nuevas vías que conectan la Costa Atlántica con el interior colombiano contemplados en Autopistas de la Prosperidad y sumados al  mantenimiento de  otros 1.251 kilómetros, se calculó una inversión inicial de 5,6 billones de pesos, aunque los estudios ya han elevado la apuesta hasta más de 15 billones. Hablamos de un proyecto ambicioso.

Lleguemos a un consenso político de que primero está la infraestructura, que el país se merece y sobre todo necesita Autopistas de la Prosperidad. Allá está el verdadero futuro.