No todos los caucanos son anacrónicos

Dice Juan Gossain en una excelente crónica publicada esta semana en El Tiempo, que en materia regional “el país se nos ha llenado de estereotipos, de lugares comunes, de agresiones gratuitas. Al cabo del tiempo y a fuerza de repetir las mismas necedades hemos terminado por creer que todo paisa es tramposo, que todo pastuso es tonto, que todo santandereano es peleonero, que todo llanero duerme sobre un caballo, que todo boyacense es taimado, que todo guajiro es contrabandista y que todo opita no es más que un pastuso de tierra caliente.”  Y yo le añadiría al gran periodista costeño, que todo caucano es anacrónico y que vive del pasado glorioso.

Nada más abusivo y contrario a la realidad que aceptar estos estereotipos que se han ido convirtiendo en modos de ofensa, que atentan contra la naturaleza de nuestras regiones y que lejos de unir lo que terminan haciendo es separar los pueblos y ultrajando a las gentes.

Personalmente y a través de una larga carrera pública he tenido que soportar con más frecuencia de lo que se supone, la falsa idea de que ser caucano conlleva una manera de actuar pasada de moda y vinculada con valores en desuso. Esto no puede seguir sucediendo porque falsea nuestra realidad.

Recuerdo a un alto funcionario público, repitiendo hasta la saciedad que los caucanos seguimos aferrados al latifundismo y que no trabajamos la tierra sino que simplemente la poseemos en una injusta repartición de la propiedad que deja por fuera a los indígenas y campesinos pobres.

Si bien esto pudo tener algo de realidad hasta la primera mitad del siglo pasado, las cosas han variado y hoy, puede afirmarse,  que han desaparecido los grandes latifundios y por consiguiente los latifundistas. Gracias a Dios.  De tal suerte que es una falacia endilgarnos que estamos aferrados a prototipos que además quieren unirnos a aristocracias que no tienen sentido. 

De manera que de una vez por todas hagamos de la variedad cultural del país una ventaja y no una ofensa. Lo que se dice de una región cabe en cualquiera de las demás. Bogotá es una urbe pluriétnica y abierta a todo el país. La costa está llena de gente trabajadora que no se la pasa hamaqueándose todo el día. Y los pastusos son la gente más inteligente que se pueda uno topar.

Y nosotros los caucanos, podemos exhibir las ventajas y los defectos de cualquier otro sitio como cualquiera puede constatarlo. Pero que por favor, no se nos encostale en la infamante condición de personas cerradas al cambio que viven de perseguir indígenas y lustrar perdidos blasones.