¿Nos cogió la noche?

El TLC con Estados Unidos ha sido una aspiración colombiana de, por lo menos, los últimos 20 años. Recién se inicio el proceso de apertura económica se consideró que Colombia debía lograr suscribir un acuerdo bilateral con su principal socio comercial, de forma que tuviéramos un contrato debidamente firmado, mediante el cual se establecieran las reglas de juego para el intercambio comercial entre los dos países.
 

Los Estados Unidos, por su parte, decidieron que primero desarrollarían un proceso con sus dos vecinos, Canadá y México, a través de la creación de una zona de libre comercio, que se conocería como el Nafta, y que posteriormente entrarían a suscribir acuerdos con otros socios comerciales particularmente de la región.
 

Ante este anuncio, Colombia consideró que no se podía quedar quieta frente a su aspiración, y que para lograr colocarse en el primer lugar de la fila de los países que estaban preparados para firmar un TLC con los Estados Unidos bien valía la pena suscribir un TLC con México, que era el candidato que, junto con Canadá, había elegido  Estados Unidos para iniciar el proceso. Si México se integra con Estados Unidos y yo me integro con México va a ser más fácil que yo sea el elegido. Esta estrategia dio origen al G-3.
 

Sin embargo, la estrategia no funcionó. El país elegido para continuar el proceso fue Chile y por el contrario, Colombia perdió toda posibilidad de colocarse en los primeros puestos de la fila, por cuenta de la crisis generada por el proceso 8.000.
Como por consecuencia de la crisis política, Colombia no podía aparecer de manera individual, la estrategia fue camuflarse con los andinos para jugar en el Alca – Área de Libre Comercio de las Américas, proyecto que pretendía integrar en una Zona de Libre Comercio a los 34 países del continente americano.
 

Esta estrategia igualmente se vio frustrada por el conflicto entre Estados Unidos y Brasil alrededor de temas tan sensibles como agricultura y servicios.
La imposibilidad de llevar a cabo el proceso de integración con todos los países de las Américas, revivió, en Estados Unidos, el camino de los acuerdos bilaterales o con grupos de países. Colombia que quería jugar con el bloque Andino, difícilmente lograba convencer a sus socios de avanzar en este camino, dada la fuerte oposición de Venezuela. Esta indefinición de los Andinos, posicionó a Centroamérica como la región con la cual Estados Unidos continuaría con el proceso de integración.
 

En el entretanto, se logró que Venezuela otorgara a sus socios andinos la licencia para iniciar con Estados Unidos la negociación de una Zona de Libre Comercio que abría una tronera mortal a la Unión Aduanera que los Andinos pretendían perfeccionar. Se inició la negociación con los Andinos, actuando Bolivia como observador y a mitad de camino se quedaría Ecuador.
 

El resultado, una negociación con Perú y Colombia pero con procesos realmente individuales, tanto que Perú logro terminar y cerrar la negociación e ir al Congreso de  Estados Unidos para su aprobación, y Colombia dejó escapar la oportunidad y debió esperar casi cinco años para que su acuerdo fuera considerado por el legislativo Americano.
 

Finalmente, después de un plan de acción y un proceso de implementación normativa, llega la noticia sobre la vigencia del TLC a partir del próximo 15 de mayo.
Ahora, mirando el proceso en retrospectiva, hay que concluir que esta vieja aspiración, definitivamente no era posible cristalizarla con anterioridad a la fecha ahora anunciada. Definitivamente, para llegar al estado en que nos encontramos, Colombia debía recuperar su dignidad y los colombianos debíamos, primero, reintegrarnos como ciudadanos del mundo. Este es el proceso que hemos desarrollado en los últimos 14 años y que nos permitió presentarnos en la Cumbre de las Américas en Cartagena como un país digno y con el cual otras naciones desean integrarse.
 

Ahora, cuando estamos próximos a iniciar el acuerdo con Estados Unidos, nos damos cuenta que nos cogió la noche, que nos demoramos demasiado, que nos faltan muchas cosas por adecuar internamente, en fin?
Sin embargo, también hay que concluir que lograrlo antes, era simplemente imposible.