Otra locomotora sin vapor

La renuncia de Jaime Restrepo a la dirección de Colciencias ha quedado en un segundo plano ante las noticias que se generaron en torno a la reforma a la justicia, pero ahora que la tormenta ha pasado es necesario hacer una pausa para analizar las posibles causas por las cuales un funcionario, que se ha caracterizado por su compromiso con el desarrollo de la ciencia, decide abandonar la dirección de una de las más importantes locomotoras del presidente Santos.

Restrepo tiene una hoja de vida impecable, de su paso por el Congreso de la República se destaca su liderazgo y el impulso para tramitar la Ley  1286 de 2009 de ciencia, tecnología e innovación, mediante la cual se permitió al país contar con un marco jurídico que estableciera la necesidad de promover estas áreas del conocimiento y de brindarles los mecanismos para su desarrollo. El gran acierto del Presidente fue comprometer a una persona como Restrepo con la dirección de Colciencias, dado que era la mezcla ideal entre científico, gerente y político. Su retiro es sin lugar a dudas una gran pérdida para el gabinete ministerial, pero el gran interrogante que surge es  quién podrá reemplazarlo adecuadamente y poner en marcha la locomotora de la innovación, quién podrá superar los obstáculos y las frustraciones que seguramente enfrentó Restrepo ante una serie de políticas que se pretende promover sin que se cuente con los recursos y el apoyo requerido por todo el aparato gubernamental.

La Oecd ha publicado recientemente una serie de estudios que destacan la importancia de la innovación para el desarrollo sostenido de las economías, su papel es fundamental en el crecimiento económico de largo plazo. Ese hecho es precisamente uno de sus grandes enemigos, debido a que la inversión que hoy realiza un gobierno es probable que solo de frutos hasta dentro de 10 o 20 años. En otras palabras, no cabe duda que las inversiones en ciencia, tecnología e innovación benefician el desarrollo económico del país, no solo lo benefician sino que son esenciales para dicho desarrollo, pero no contribuyen a generar votos ni capital político.  Esta situación explica en parte, el porqué en un país donde la visión se ha limitado tradicionalmente a cuatro años, a ningún gobierno le interese realmente apoyar en forma decidida los campos del conocimiento.

No es casualidad que entre la lista de las 25 empresas con mayor valor a nivel mundial encontremos a Nestlé, Novartis y Roche, todas ellas ubicadas en Suiza que es uno de los países que más invierte en investigación y desarrollo, con una cifra que en promedio representa  3% del PIB. Tampoco es casualidad que Apple sea la empresa con mayor valor en la actualidad y que entre sus pilares fundamentales se encuentre la innovación, pilar que se concreta en una inversión sustancial en el desarrollo de estos rubros.

Estas cifras contrastan frente a la reducida inversión que Colombia destina a los campos del conocimiento, tal como lo reflejan las estadísticas que reporta el propio Colciencias. "En cifras porcentuales, Colombia apenas dedicaba en el año 2010 en Investigación y Desarrollo (I+D), un 0,18% del Producto Interno Bruto, PIB, mientras en Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación (Acti), empleaba un 0,48%".

Es necesario reconocerle al Gobierno su intención de cambio y desarrollo en estos campos, pero no nos podemos quedar en las buenas intenciones. Con la pérdida de Jaime Restrepo como maquinista de la locomotora de la "innovación",  el presidente Santos no solo tiene el gran reto de encontrar un sucesor digno sino que debe profundizar en las razones que condujeron a su renuncia, debe garantizarle al nuevo director de Colciencias el apoyo decidido de todo el Estado para promover la ciencia y la tecnología en un país que requiere con urgencia ese desarrollo y que hasta la fecha ha brillado por su bajo nivel de invenciones y patentes. De lo que hoy se haga en este campo dependerá lo que será Colombia en 20 años.