¿Qué se puede comprar con US$9,8 mil millones?

¿Alguna vez ha soñado en lo que se podría comprar con US$1 millón extra? Probablemente, pero ¿qué tal con US$9,8 billones? Bueno, si ese es el caso, muy probablemente no estaba pensando en cuántos anuncios publicitarios se pueden comprar para una campaña política en los Estados Unidos.

Las campañas electorales son caras en todas partes, pero este año en los Estados Unidos lo hemos llevado a un nivel completamente nuevo. Un estudio de Borrell Associates, una firma de investigación de mercados, estima que este año US$9,8 billones se destinarán solo a campañas publicitarias.

Para poner esto en perspectiva, si los demócratas, los republicanos y otros grupos externos (conocidos como comités de acción política o PACs) juntaran su dinero, podrían comprar las Bahamas (PIB US$8,1 mil millones), Haití (US$7,4 mil millones) y Nicaragua (US$7,3 mil millones) y todavía quedarse con algunos billones de sobra. Si quisieran diversificar podrían comprar Barbados (US$4,5 mil millones), Guyana (US$2,5 mil millones), Belice (US$1,5 mil millones) y Santa Lucía (US$1,2 mil millones). Si quisieran entrar en el sector de la tecnología podrían comprar Twitter y si quisieran hacer algo más productivo podrían construir más de 200 kilómetros de calles, puentes y carreteras.

En vez de esto, los US$9,8 billones serán gastados por las campañas presidenciales, los candidatos al Congreso, partidos políticos y comités de acción política para financiar 13.000 campañas electorales en todo el país. Eso representa una gran cantidad de actividad de campaña pero la cantidad invertida es exorbitante.

Durante lo transcurrido del año, las dos campañas presidenciales han gastado US$540 millones en anuncios de televisión y radio. NBC News ha señalado que esta cantidad de dinero podría alimentar a 9,2 millones de niños desnutridos durante 50 días o proporcionar agua potable a 500 millones de niños durante más de un mes.

Una buena parte de este gasto no proviene de las campañas del presidente Obama o Mitt Romney, sino de las llamadas “Super PACs”, los comités de acción política que pueden recaudar y gastar cantidades ilimitadas de dinero sin escrutinio. Un puñado de multimillonarios ya ha donado decenas de millones de dólares para impedir que el presidente Obama sea reelegido. El principal “Super PAC” que apoya a Romney ha gastado alrededor de US$92 millones en publicidad, lo que representa la mitad de todo el gasto republicano en la campaña presidencial, de acuerdo con el New York Times. La cantidad de Super PACs de los demócratas es menor y estas son más débiles así que el partido está confiando en reunir la mayoría de sus fondos a través del equipo de campaña del presidente Obama.

En conjunto, los demócratas y  republicanos esperan recaudar alrededor de US$800 millones para gastar en la campaña presidencial de este año. Pero este auge de dinero para las elecciones está destruyendo gradualmente nuestro sistema político. Es cierto que con el uso de internet es más fácil recaudar pequeñas donaciones de miles, incluso millones, de ciudadanos comunes y corrientes, pero en este ciclo electoral un multimillonario puede gastar en un día lo que 100.000 personas pueden recaudar durante un mes.

El tiempo y los recursos necesarios para la recaudación de fondos y el cuidado de los donantes, reducen la cantidad de tiempo dedicado a gobernar y evita que gran cantidad de buenos candidatos se unan al proceso político. Al igual que en cualquier industria, si los costos de entrada son demasiado altos, se reduce la competencia y un menor numero de buenos candidatos se lanzan al proceso. Se puede argumentar que ya hemos llegado a este punto.

A medida que la democracia en América Latina ha evolucionado y los países se han enriquecido hemos visto una convergencia hacia el modelo de EE.UU. de campañas astutas, de varios millones de dólares (pensemos en las últimas elecciones en Colombia y México). No se puede comparar a las campañas emprendidas por los republicanos y los demócratas, pero tal vez pueden llegar con el tiempo. Es importante ver esto como una advertencia porque el  ejemplo de EE.UU. es un cuento con moraleja. Si se quiere una democracia vibrante, abierta e incluyente es importante aprender de nuestros errores y tomar medidas ahora para controlar el financiamiento de las campañas, antes de que sea demasiado tarde.