¿Se puede importar la innovación?

Todo el mundo quiere crear el próximo Silicon Valley, pero nadie sabe realmente cómo hacerlo. Algunos han intentado el enfoque vertical  de crear una universidad de investigación y un parque tecnológico, dando exenciones de impuestos y ofreciendo inversiones acordes. Pero no ha funcionado. Resulta ser que para innovar lo que realmente se necesita son personas, específicamente, emprendedores.

América Latina cuenta con abundancia de recursos naturales como petróleo, gas, y minerales pero carece de empresarios innovadores.

Claro, están por ahí afuera pero desafortunadamente no hay suficientes de ellos para crear el cambio que se necesita. Este es el resultado de décadas de rígidas regulaciones y del dominio económico por parte de empresarios élite.

Entonces, ¿cómo aumentar la iniciativa empresarial? Si se carece de productos como el trigo o el aceite se pueden importar pero, ¿se puede importar algo como la innovación?

El gobierno chileno está apostando a que se puede. En un esfuerzo por convertirse en el centro de iniciativa empresarial e innovación de América Latina, el Ministro de Economía Chilena creó Start-Up Chile en 2010.

Start-Up Chile es un acelerador de negocios que busca atraer (o importar) un alto potencial de nuevas empresas de todo el mundo, dándoles la inversión inicial y visa por un año.

El presidente chileno Sebastián Piñera claramente ve la innovación como la llave para crear una economía más sostenible que dependa más de las ideas que de los recursos naturales. Se ha trazado la modesta meta de crear 100.000 empresas y 800.000 trabajos para 2014. Esto no será fácil.

La economía chilena depende primordialmente de las exportaciones de recursos naturales, particularmente del cobre. El cobre ha sido una industria gigantesca para Chile, pero las exportaciones están basadas en un precio internacional y la producción no es una labor intensiva.

Chile se desempeña mal en el Atlas de Complejidad Económica de Harvard, que mide la complejidad de una economía y la probabilidad de crecimiento en el largo plazo, cayendo por debajo de países como Mauritius, Siria y Senegal. Para poder crear trabajos para la siguiente generación de trabajadores chilenos, Chile necesita innovar.

En 2011 Start-Up Chile organizó 100 equipos empresariales. Esperaban importar un total de 1.000 emprendedores para 2014. Con cada uno de ellos recibiendo una subvención de $40.000, el gobierno chileno podría terminar gastando $40 millones para ayudar a crear negocios extranjeros. ¿Por qué no invertir este dinero en emprendedores chilenos? Debe haber suficientes de ellos afuera.

Lo que Start-Up Chile parece entender es que, con el fin de ser el hub de la innovación, se necesitan ideas "extranjeras" y una mezcla de personas que piensen globalmente. Innovación es más que tecnología y capital de riesgo. Está basado en conectar personas para que compartan sus ideas.

No se puede realmente crear la innovación, se tiene que esperar a que esta se forme.

La esperanza es que los emprendedores que se importen traigan sus ideas a Chile, que hagan conexiones y luego contraten, y se asocien con inspirados chilenos. Idealmente, con el paso del tiempo estas conexiones y relaciones fomentarán una cultura de innovación y emprendimiento.

Es una apuesta alta, pero el gobierno chileno puede estar tras de algo.

¿Podrán Start-Up Chile y sus empresarios importados inspirar una revolución empresarial en América Latina? Por ellos mismos, probablemente no, pero el programa es una señal para los chilenos y el mundo de que Chile se está convirtiendo en un lugar innovador para vivir. Los otros países deben estar al tanto.