Tasa de intervención, equilibrio complejo

Como siempre sucede, cuando el Banco de la República toma decisiones para fijar la tasa de interés, se genera una cascada de opiniones, unas a favor y otras en contra de la medida, pues una decisión que afecta el ritmo económico no puede pasar inadvertida, sobre todo porque en los últimos años hemos logrado estabilidad económica, control de la inflación y un crecimiento sostenido.Afortunadamente quedaron atrás días amargos para la economía, como cuando en abril de 1995, la tasa de intervención fijada por el Banco de la República fue de 45%, en marzo de 1996 se fijó en 35% y en noviembre de 1998 en 30%. Estos días y estas medidas producto de la crisis política quedaron atrás.Sin embargo, hace aproximadamente dos años, en mayo de 2010, la tasa de intervención de la política monetaria estaba en 3% y hace un año en 3,25%.Los efectos de esas tasas bajas se hicieron sentir, abundo el crédito y por supuesto la inversión, se dinamizó la economía, se disparó la actividad de la construcción y aumentó el consumo en todos los órdenes, la gente se endeudo más de lo corriente, se crearon nuevos puestos de trabajo, bajó el desempleo y el dólar que iba en picada repunto de nuevo.También hubo efectos contrarios, creció la inflación y se dispararon los precios de los activos, especialmente de los inmuebles, como las viviendas y los locales comerciales. Sin duda, estos últimos aspectos incidieron de manera decisiva en la determinación del Banco de la República de elevar a 5% la tasa de interés, buscando asegurar un crecimiento sostenido y reducir la inflación.Las reacciones no se hicieron esperar, especialmente, por parte de los empresarios e industriales quienes aducen que elevar la tasa de interés produce gran revaluación del peso lo que afecta las exportaciones colombianas porque las encárese y las saca de la competencia. Argumentan también que un dólar barato como es lógico, se traduce en menos pesos para los exportadores cuyos gastos de producción aumentan porque las cargas laborales se elevan cada año. A raíz de este fenómeno, los floricultores aseguran que han tenido que despedir aproximadamente 20.000 empleados y en la misma dirección se expresan los bananeros y los caficultores. Los industriales, se oponen al alza de la tasa de interés porque dicen que esto abarata el dólar, por la entrada de importantes capitales que ven atractiva la rentabilidad en pesos. Aducen también que un dólar barato se presta para inundar al mercado de importaciones que, vienen a competir con productos hechos por la industria colombiana, lo que destruye puestos de trabajo.Los propios comerciantes a quienes en principio les favorece un dólar barato han dicho a través de su presidente, Guillermo Botero, que la revaluación, al destruir puestos de trabajo afecta la capacidad de consumo, lo que disminuye sus ventas. Como podemos ver, el tema de la tasa de intervención monetaria que maneja el Banco de la República es un asunto complejo que, incide en muchos aspectos como: el control de la inflación que es la prioridad del Banco de la República por mandato constitucional; la revaluación, el dinamismo de la economía, el empleo, entre otros.Lo que es real, es que muchos de los efectos negativos serían menores, si Colombia modernizara su infraestructura en vías, ferrocarriles y aeropuertos porque, sería más competitiva en los costos de producción y de exportación, habría menos importaciones, tendríamos más seguridad alimentaria y más empleo, la inflación sería menor, el país tendría más polos de desarrollo, habría más equidad. Unido a estos propósitos, si el estado logra derrotar la subversión y la corrupción, se habrá despejado aún más el horizonte.José Dario Salazar – Analista