The big picture

Una de las manifestaciones más elocuentes de la inteligencia es el sentido común que, lejos de la experiencia o cualquier título académico, deleita con la respuesta de lo obvio. Que sacan una sonrisa porque ante su contundencia uno queda gratamente desarmado y solo le queda rendirse ante la razón.

Mientras menos círculos sociales rodean a la persona es más fácil testificar esta capacidad porque hay menos códigos de distracción en el lenguaje que adornan la expresión de los conceptos y menos temores para liberar las ideas. Las lecciones sencillas del sentido común se pasan entre generaciones gracias a las famosas frases coloquiales que todos repetimos en el momento oportuno. Hoy me detengo en una de ellas cortesía de los estadounidenses: "The big picture" (la gran imagen).

En la presión de la cotidianidad de las empresas, lo urgente equivocadamente invade lo importante, los detalles a veces le ganan a la gran imagen y entonces se pierde la perspectiva y todo se distorsiona haciendo que en la toma de decisiones se esté arriesgando, casi sin saber, el futuro.

Tenemos una oficina deliciosa en el laboratorio de innovación que lidero, hay una mesa sin jerarquía rodeada con 12 sillas que se ocupan y desocupan al vaivén de los  avances de los proyectos. Pero lo que causa la envidia de todos los que nos visitan en el ejercicio de nuestros talleres son siete tableros móviles formados por dos paredes de acrílico, frente y respaldo, que miden 2 m. x 1.5 m

Quienes pasan por aquí terminan llevándose fotos de esta idea simple que contiene cualquier cosa, escrita o pegada, que ayude al equipo a no perderse de "the big picture": mapas mentales de los proyectos, lluvias de ideas, jerarquizaciones de conceptos, cronogramas, la planeación y la producción del año, los prototipos de los productos por lanzarse y cualquier cosa que necesita ser pensada en cualquier momento por cualquiera de los miembros del taller, incluyendo el humor.

El objetivo de estos tableros es permitir un seguimiento diario de las tareas sin perderse de la gran imagen de los planes que estas actividades ejecutan paso a paso sin enredarse en la distracción de los detalles y el afán, que son importantes, pero son eso: detalles y afán. No esencia. También buscan lograr un control sobre cómo se está cumpliendo la meta, evidenciar ajustes necesarios a la marcha, pero teniendo el destino al frente para asegurarse de que el dardo pegue justo en el centro de la diana.

Mantener "la gran imagen" es clave al estar detrás de un plan estratégico. Hay ejercicios que se deben hacer con regularidad no negociable para mantener este punto de vista y no dejarse contaminar por la cotidianidad:  seguimiento diario del desarrollo, cronograma riguroso de cada paso, darse el lujo de momentos para pensar o debatir, participar en congresos de la industria, volver de vez en cuando y recordar cuales fueron los planteamientos en el punto de partida.

Confieso que incluso tengo ciertos objetos escondidos cuya participación decorativa parece ingenua, pero tienen una razón: recordarme cuál es esa promesa idealista y noble con la que arrancó esta aventura.

Uno de ellos es la foto de unos niños en el Carmen de Viboral caminando por una fábrica de cerámica abandonada, que me recuerdan que mis talentos son para usarlos con pasión en el compromiso con una sociedad más acertada de tal manera que mi correr acelerado se detenga, respire, vuelva al origen que me da "The big picture".