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Un año de guerra en Ucrania

En una guerra, la primera baja es la verdad. Por eso, las estadísticas son difíciles de compilar. Más de ocho millones de refugiados. Alrededor de 200.000 soldados muertos, la mitad rusos y la otra mitad, ucranianos. 18.000 civiles muertos o heridos, casi todos de Ucrania.

El balance económico no es menos complicado, porque la invasión rusa a Ucrania es un factor que interactúa con otros. El Instituto Alemán de Estudios Económicos dio a conocer un costo aproximado de US$1,6 billones para el mundo (equivalente a 1,7% del PIB mundial), aunque es difícil valorar qué tan exacta es la cifra.

El hecho es que tenemos más inflación y menos crecimiento económico. Imposible saber cuánto se debe a la guerra y cuánto peso debemos asignarle a otras variables: la quinta y sexta ola del covid y la estrategia china para combatirlas; el cambio climático y su impacto en las cosechas; la tensión entre China y Estados Unidos... las alzas de tasas de interés de los principales bancos centrales del mundo.

Los precios de energéticos y granos, que se dispararon al comienzo de la guerra, han vuelto al nivel que tenían a fines de enero de 2022. Mejor dicho, los precios están un poco más abajo, pero siguen temblando. Los mercados han asimilado la guerra pero siguen procesando novedades y padeciendo otras fiebres.

Un año después la guerra sigue. No se cumplió el primer escenario de solución relámpago que imaginó Putin. Todo indica que habrá guerra para rato. Los expertos coinciden en que hay un equilibrio entre la capacidad de ataque de las fuerzas rusas y las capacidades defensivas de Ucrania, apoyada por los países occidentales, encabezados por Estados Unidos.

En total, se han comprometido alrededor de US$150.000 millones de ayuda a Ucrania, donde un poco más de la mitad corresponden al Gobierno de Biden. Esta cantidad no alcanzaría para pagar la reconstrucción de todo lo que se ha destruido en Ucrania, cuyo valor estimado es de US$345.000 millones.

¿Cuánto le ha costado a Rusia? El esfuerzo militar significa alrededor de US$5.000 millones mensuales, de acuerdo con cálculos extraoficiales. Se financia, en su mayoría con sus exportaciones de gas y petróleo. Perdieron el mercado europeo, pero encontraron la forma de incrementar las ventas a China e India.

Las sanciones de Occidente no tuvieron para Moscú el impacto esperado por Washington. La economía rusa cayó apenas 2,1% en 2022, mucho menos del rango de 10-12% que marcaban las primeras estimaciones occidentales, cuando empezó la guerra. La inflación en Rusia ahora es de 11,9%. Ha quedado atrás el peor momento, fue 18% en abril. El rublo vale más en febrero de 2023 que antes de la guerra.

Todavía no tenemos el desenlace militar. No sabemos cómo quedará el mapa de Ucrania ni qué pasará con Putin o Zelenski. Podemos, a pesar de ello, atisbar un nuevo escenario mundial en el que la guerra ha forzado una ruptura sin retorno de Rusia con Europa y Estados Unidos. El reverso de esta moneda es el acercamiento con China, India e Irán.

La cercanía entre Putin y Xi es intensiva en química personal. A nivel países, es un hecho histórico porque Rusia y China nunca habían estado tan cerca. Esta cercanía puede convertirse en una alianza con poder para retar al eje Washington-Bruselas, en cuestiones económicas, militares y tecnológicas. El reto puede ser más serio, si tomamos en cuenta el papel que pueden jugar India e Irán.

Estamos viendo el nacimiento de un nuevo (Des)Orden Mundial. En el corto plazo, México parece ganar en este escenario de desglobalizacion. Hay un reforzamiento del vínculo con Estados Unidos que traerá más inversiones a México.

No quería decir nearshoring para no abusar de la palabra de moda, pero resultó inevitable. A la larga, los mexicanos debemos asumir que estamos en un realineamiento geopolítico donde hay beneficios económicos, pero también riesgos en caso de un agravamiento de la tensión entre Estados Unidos y China y Rusia. ¿Tenemos estómago para digerir esta enchilada completa?

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