Un nuevo paradigma económico se desarrolla en las Américas

Buenas noticias. Los datos económicos recientes muestran que la economía de Estados Unidos está mejorando de manera consistente. El periodo de recesión, que comenzó durante 2007, parece estar llegando a su fin. En los últimos tres meses hemos visto la creación robusta de empleo con 244.000 nuevos puestos de trabajo al mes en los Estados Unidos, y varios indicadores que señalan que la recuperación está aquí para quedarse.

Con las cosas yendo en la dirección correcta, es posible mirar hacia el futuro e imaginar tiempos económicos más normales. Es tentador pensar en que vamos a volver a periodos post-recesión de rápido crecimiento como fue el caso de los años 2003-2006, o en la segunda mitad de la década de 1990, pero es claro que este no es el caso esta vez. Un nuevo paradigma económico se está desarrollando, uno en donde las economías ricas y emergentes son más iguales y los altos precios del combustible hacen que la globalización a gran escala sea más costosa. Estas tendencias son particularmente evidentes en las Américas.

Pensemos en las diferencias entre el año 2006 y 2012. Hace seis años la economía de Estados Unidos era el actor global dominante, seguido por una Unión Europea sólida y gigantes emergentes como China e India. La gente hablaba sobre el potencial económico de Brasil, pero América Latina era una economía rezagada sin mucha importancia.

Durante 2006, en medio de una economía global en auge, el PIB brasileño se expandió sólo en 3,7%. Las monedas eran mucho más débiles. Un dólar se cambiaba por $2.250 pesos en marzo de 2006, mientras que el combustible era más barato, el barril de petróleo costaba alrededor de US$70.

Hoy en día, China e India son claramente los principales actores, ayudando a impulsar el crecimiento mundial, mientras que la demanda de los consumidores de Estados Unidos se recupera lentamente. La zona del euro parece encerrada en un período de estancamiento y no es claro si se podrá mantener unida. Mientras tanto, América Latina es más estable y mucho más fuerte. Los vínculos comerciales con Asia están impulsando el crecimiento y la inversión. Las utilidades de corporaciones multinacionales desde GE hasta SABMiller dependen de la región.

Sin embargo, el combustible hoy en día es costoso. Un barril de petróleo cuesta alrededor de US$124, beneficiando a los productores de petróleo, pero obligando a los fabricantes a repensar la forma en que producen y comercializan sus productos.

A medida que el sol se oculta en la Gran Recesión estamos despertando a una nueva economía mundial. Tanto Estados Unidos como América Latina tienen que evaluar y entender correctamente lo que está sucediendo. El gobierno de Obama tiene razón al hablar de los países latinoamericanos como socios iguales, pero Estados Unidos tiene que estar más comprometido, en particular en lo que respecta al comercio y la inversión. Las economías de Estados Unidos y América Latina son más complementarias que nunca; hay mucho que ganar.

Uno no necesariamente se daría cuenta de este fenómeno a través del reciente discurso político. Los candidatos presidenciales de Estados Unidos sólo hablan de América Latina cuando tocan temas de inmigración ilegal o la guerra contra las drogas. En América Latina las voces más altas de la región continúan centrándose en cuestiones de división y distracción, como la soberanía de las islas Malvinas o si Cuba debe ser invitado a la Cumbre de las Américas.

Sin embargo, existe cierta esperanza. Algunos líderes están pensando con valentía y se están discutiendo nuevas ideas. El Trans Pacific Partnership, que conectaría al menos diez países asiáticos y americanos, parece estar en el camino correcto. Una serie de países a lo largo del Pacífico de la región, entre ellos Colombia, ha reconocido la oportunidad que ofrece el libre comercio con Asia, Estados Unidos y entre sí. Si lo hacen, dará lugar a una mayor especialización y a mayor innovación.

Si bien todavía puede haber algunos choques por delante, tanto los precios del petróleo como la situación en Europa son preocupantes, el período de recesión está llegando a su fin. La tasa de crecimiento en las Américas dependerá mucho de lo bien que nos adaptemos al nuevo paradigma económico. ¿Podremos trabajar juntos y tomar la iniciativa o nos quedaremos atrás?