A las elecciones les debe llegar su Uber

A pesar de que el sistema electoral es eficiente, es urgente una profunda modernización en términos de facilidad y seguridad para votar

EditorialLR

Ya han pasado dos de las tres elecciones que se llevarán a cabo este año en Colombia. La primera, la del 11 de marzo que eligió Congreso de la República, avanzó con normalidad hasta que se acabaron los tarjetones y los electores -con la ayuda de jurados- tuvieron que salir a fotocopiar esos papeles para poder ejercer ese derecho democrático. La segunda elección fue el pasado domingo y la Registraduría Nacional del Estado Civil borró con eficiencia todo atisbo de dudas y entregó impecablemente los resultados pasada una hora del cierre de los comicios, sorprendiendo a los actores electorales y a los observadores venidos de todo el mundo. Además, las herramientas tecnológicas y digitales puestas en marcha por el registrador, Juan Carlos Galindo Vácha, fueron más que eficientes y cualquier colombiano que tenía a la mano un teléfono inteligente o un computador con conexión a internet se enteraba de los resultados al mismo tiempo que los medios de comunicación. Todo un despliegue afortunado que consolida a Colombia como la segunda democracia más antigua del Continente, después de Estados Unidos.

Por ahora nada que temer ni que desconfiar de la próxima jornada que se realizará el próximo 17 de junio cuando se lleve a cabo la elección definitiva del Presidente de la República que llevará las riendas del país durante los próximo cuatro años. Pero hay muchas preguntas modernas que tienen respuestas poco sólidas y primitivas que ameritan una profunda reflexión sobre la modernización de todo el sistema electoral nacional. ¿Por qué se deben inscribir las cédulas evitando que cualquier colombiano pueda ejercer el derecho al voto? ¿Por qué se obliga a votar en una mesa determinada en donde está preinscrita la cédula condicionando al elector a permanecer cerca del lugar de votación? ¿Por qué la jornada electoral es solo de ocho horas evitando que más colombianos puedan votar y no se abren las elecciones todo un fin de semana? ¿Por qué no se puede votar por aplicaciones o páginas de internet, tal como hoy se está haciendo el Censo de Población 2018? ¿Por qué se ha evitado que más colombianos tengan cerca los puestos de votación para seguir reduciendo la abstención? Son solo algunas de las muchas preguntas que desnudan la obsolescencia del sistema electoral colombiano y su captura por autoridades electorales puestas por los mismos políticos que se benefician de los resultados electorales. Este es el momento para que la universidad, los gremios, los empresarios y demás fuerzas vivas se unan para pedir cambios profundos en el sistema. Está claro que aún funciona y que no se ha dañado, pero sus vulnerabilidades son enormes, además está diseñado para que los electores tengan más obstáculos que incentivos para ejercer su derecho al voto. No hay ninguna razón de peso para que se tengan que inscribir las cédulas dejando a millones de colombianos sin la posibilidad de votar; como tampoco hay una explicación para que en pleno año 2018 se tenga que obligar a votar en mesas determinadas.

Si bien no hay que arreglar lo que no se ha dañado, sí es necesario que la Registraduría avance en un plan de modernización para los próximos cuatros años, pues los jóvenes que nacieron en 2000 que hoy ya pueden votar, siguen ejerciendo el derecho al voto tal como lo hicieron sus abuelos cuando se instauró el voto universal. A la Registraduría le debe llegar su Uber.

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