A Uribe lo que es de Uribe

En ningún episodio de nuestra historia reciente se intentó una encerrona como la que experimenta Álvaro Uribe un episodio que ojalá termine bien

EditorialLR

Cuando se conocieron los resultados de las elecciones presidenciales el pasado 17 de junio, en los que ganó ampliamente el candidato de centro derecha, Iván Duque, se pensó que el país político entraría en una suerte de valle de tranquilidad y baja incertidumbre, que le permitiría iniciar sin aspavientos su mandato este próximo 7 de agosto; con la frescura de contar con un Congreso amigable y unas fuerzas políticas en modo constructivo.

Pero el frenesí político colombiano no tiene descanso y con el paso de los días volvimos a recaer en los males crónico que padece el país, tal como sucede con una justicia desorganizada y bastante politizada. Todo arrancó hace un par de semanas cuando se filtró, deliberadamente a algunos medios de comunicación, una citación a la Corte Suprema del expresidente y hoy senador de la República, Álvaro Uribe, por presuntos delitos de soborno y manipulación a testigos. El hecho llevó a que el Senador más votado en las pasadas elecciones de marzo y quien es el artífice de la victoria de Duque, radicara una carta ante el Senado mediante la cual renunciaba a su curul para acogerse a la justicia ordinaria; uno de los daños colaterales o consecuencias que daban por descontado sus grandes enemigos.

Para nadie es secreto que el hoy senador Uribe es uno de los pocos políticos que goza de un respaldo popular abrumador que le ha permitido desde hace casi tres décadas ser protagonista político de primera línea. Situación que sumada a su carácter frentero y batallador, le ha sumido en un conflicto sin fin en el que ha enfrentado no solo a sus detractores políticos, al grueso de los medios de comunicación, a cientos de colectivos de ONG y de abogados, y por supuesto a las Cortes con las que ha tenido enfrentamientos de vieja data. Para él y muchos de sus copartidarios ha sido un gran desgaste que no tiene una luz al final del túnel.

Sus enemigos, que a su vez son los mismos enemigos del modelo económico, han logrado poner al ex presidente en una situación complicada que sólo se resolverá en el plano de la Justicia, con mayúscula, pero esta encerrona única en la historia reciente del país, tiene unas consecuencias colaterales como es infectar al nuevo gobierno que se posesiona la próxima semana. El gran objetivo de los destructores incansables de Uribe no es otro que contaminar la administración naciente de Duque y desgastar sus decisiones ante la opinión pública y en el Congreso. No es una camino considerable o sensato que el ex presidente y hoy senador se retire del Congreso, sería dejarles el terreno llano a los grandes opositores del modelo económico para que el país de la seguridad, de la propiedad privada, de la economía de mercado y el crecimiento empresarial retroceda y quede en manos de quienes trabajan para un Estado protector y lleno de subsidios.

La jugada de los anti-uribistas es a dos bandas: sacarlo del Congreso para extirpar su liderazgo en la bancada de la coalición de centro derecha, y dos, para que se enfrente a las todopoderosas Cortes en una pelea sin fin que absorba todo el cuatrenio de Duque. Lo que está pasando en la política, el papel de las Cortes y la manera cómo se presenten los hechos ante la opinión pública, determinarán la próxima década de la economía colombiana. Es un momento de grandeza en el que hay que mirar las cosas con la prospectiva necesaria.

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