Abelardo tiene que hablar del TLC con Trump
viernes, 17 de julio de 2026
La visita del vicepresidente Restrepo y algunos de los ministros electos a Washington es una de las mejores noticias para la economía, pero les faltó abordar -de una vez- el tema del TLC
Editorial
Bajo ninguna circunstancia política, económica o social se debe olvidar que Estados Unidos es el socio natural de la producción colombiana y que el TLC entre los dos países, que entró en vigencia el 15 de mayo de 2012, es uno de los pilares de las relaciones binacionales. Se trata de un acuerdo que afecta positivamente a todos los sectores de la economía y de la vida productiva nacional. Pero ya han pasado 14 años desde entonces y las condiciones han cambiado.
La administración de Donald Trump ha utilizado los aranceles como una tenaza para hacer más competitivas las exportaciones estadounidenses; no en vano, sigue arremetiendo contra varias economías emergentes mediante su política de impuestos al comercio. Con Colombia ya se experimentó un triste episodio que, por fortuna, volvió a su cauce natural y hoy el comercio se desarrolla en el marco del TLC. Pero es un imperativo para Abelardo De la Espriella potenciar el tratado, de manera que la industria local tenga más posibilidades en el mercado que impulsa la economía mundial.
El Presidente electo debe impulsar exportadores que se ubiquen en la costa Caribe colombiana o en el Pacífico, para que los productos y servicios producidos en estas regiones tengan mayores posibilidades de éxito frente a competidores como México, Centroamérica o las islas del Caribe. Las reuniones llevadas a cabo entre el vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, y varios de sus colaboradores y la banca multilateral en Washington fueron bien recibidas por el sector productivo y los mercados.
Fue una jugada audaz en un mundo cada vez más dependiente de Trump. No obstante, brilló por su ausencia el tema del flujo comercial, pues para los empresarios agroindustriales es un asunto crítico para el éxito. El presidente De la Espriella debe lograr que el TLC se revise y que a los productos y servicios que aún tienen un arancel de 10% en Estados Unidos se les elimine ese gravamen, bajo el argumento de que lo producido en el suroccidente colombiano, una de las dos o tres zonas de conflicto más complejas del continente, pueda enfocarse en la economía formal con múltiples beneficios, como sucedía durante la vigencia de las preferencias arancelarias que fueron reemplazadas por el tratado de 2012.
El vicepresidente Restrepo y sus colaboradores ya dieron un gran paso al abrir el camino que debe convertirse en una autopista de entendimiento entre Colombia y Estados Unidos. En pocos meses, esas reuniones políticas entre la administración de De la Espriella y la de Trump deben convertirse en mesas de trabajo entre agroindustriales colombianos y las autoridades comerciales estadounidenses. Con un dólar tan barato, ya casi en $3.000, los exportadores colombianos deben encontrar en el Ejecutivo un gran aliado a la hora de reformar o rediseñar sus modelos de negocio exportadores.
La modernización del TLC debe hacerse acorde con la economía mundial actual, sin complejos productivos, pero sí basada en la prospectiva comercial que tiene Colombia, país que aún no ha aprovechado plenamente sus ventajas geoestratégicas para producir y vender en el motor de la economía mundial. Claro, el problema de la seguridad es prioritario, sin él no hay economía que valga. Pero también hay que empezar a trabajar para que Estados Unidos compre más productos colombianos, se suavicen las políticas migratorias y, de la misma manera, los productos de ese país penetren los 20 millones de hogares colombianos.