Al agro le debe llegar su cuarto de hora

Quien llegue al Ministerio del Agro tendrá la obligación de llevar al sector a otro nivel, pues han sido muchos años de atraso y conflicto

EditorialLR

Más de 500.000 familias derivan su sustento de la actividad cafetera y casi 350.000 de la leche. Sólo dos muestras de la importancia que aún tiene el sector agropecuario en la esfera social y si lo vemos en términos económicos, bien podemos asegurar que el aporte del agro al PIB se mantiene constante en 6% desde hace dos décadas. Y si bien todos los problemas de orden nacional tienen un hilo conductor con el agro, fue un tema que esquivaron los candidatos durante el pasado debate electoral. Las razones son muy sencillas: casi toda la agenda de política pública agropecuaria ha sido capturada por los gremios de la producción del sector, y segundo, desde siempre las líneas de discusión política han sido monopolio de los discursos agrarios cargados de militancia de izquierda, que ven en la tierra un factor de producción sin importar el capital; es como si los gremios y los políticos se hubiesen quedado anclados en tesis agraristas del siglo XIX e incluso que sus debates no hayan logrado llegar a discusiones zanjadas durante la Guerra Fría.

En el campo hay gremios de gremios. Unos consolidados en la historia para pedir subsidios estatales y limitarse a hacer lobby ante el gobierno o el Congreso de turno y otros más científicos e investigativos, como es el caso de los cafeteros con Cenicafé, los azucareros con Cenicaña y los palmicultores con su centro de investigación Cenipalma; el resto solo se limitan a exigirle a las autoridades económicas manejar la tasa de cambio para poder ser productivos y competitivos. Este es el complejo panorama que tendrá que enfrentar el nuevo Gobierno Nacional y el ministro de Agricultura que nombre, para tomar las riendas del campo a partir del próximo 7 de agosto.

El rosario de peticiones de los gremios al nuevo jefe de la cartera del agro es enorme y sobre la cual se debe tomar atenta nota para hacer crecer al sector; las peticiones van desde la seguridad jurídica para las grandes inversiones, hasta la verdadera modernización del concepto rural, eso sí, pasando por el urgente respeto por la propiedad privada en todos los departamentos. Es fundamental que el Ministerio pase de ser una cartera con énfasis en la “paz y reconciliación” a cualquier precio, a un verdadero ministerio de producción de alimentos y motor agroindustrial. El agro de hoy no puede seguir siendo bucólico, pastoril, romántico y paisajista, en donde se engañe a la gente rural con modelos de desarrollo y producción basados en una casa, una vaca y una parcela, sin hablarles como microempresarios del agro, de la asociatividad agraria, del cooperativismo y el emprendimiento agroindustrial. Estamos ya en 2018 (hace casi dos décadas comienzo el siglo XXI) y la cuarta revolución industrial está tocando a las puertas de muchos cultivos que pueden ser más productivos si se basan en las nuevas tecnologías y en las maquinarias de punta. El nuevo ministro del agro encuentra un sector conflictivo, revuelto por protestas y siempre bajo amenazas de cierre de carreteras. Su tarea es llevarlo a otro nivel de desarrollo en donde todos los productos con vocación exportadora encuentren sus “Uber”, sus “Airbnb”; no podemos seguir dependiendo de bueyes y arados, dignos de la primera revolución industrial; debemos llevar al campo a la modernidad con base en la productividad y la investigación y eso debe ser tarea tanto de los gremios de la producción como del Ejecutivo.

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