Editorial

Al desayuno se sabe lo que será el almuerzo

La catástrofe ha puesto a prueba al novísimo gobierno de De La Espriella, que debe demostrar con audacia que más allá de su exitosa campaña debe pasar ya a las acciones

Editorial

Diario La República · Al desayuno se sabe lo que será el almuerzo

No había sucedido en la historia reciente del país que una administración fuera recibida con semejante catástrofe nacional. Para el Gobierno, es un auténtico bautizo administrativo que pone a prueba su capacidad de atención, planeación y articulación de políticas públicas enfocadas en la reconstrucción de casi una cuarta parte del producto interno bruto (PIB) colombiano. Veamos: Cali y el suroccidente representan aproximadamente el 15% de la producción de bienes y servicios; al sumarle la participación de los departamentos del Eje Cafetero (6,5%) y un 5% restante por afectaciones colaterales en el resto del país, ese 25% cobijado por los daños puede convertirse en el nacimiento de un problema crónico si no se atiende adecuadamente.

El presupuesto de unos $575 billones que dejó el anterior Gobierno nacional está desfinanciado y fue planeado con base en un ejercicio ordinario; el problema ahora es que no hay dinero ni para una cosa ni para la otra. En términos de recursos públicos para atender las necesidades ordinarias, sumadas a las derivadas de la catástrofe, la situación es tan dramática que requiere un ejercicio político de marca mayor.

El Congreso no debe ser inferior al reto, ni tampoco las cortes cuando llegue su momento; es necesario tener una dimensión de grandeza ante el país para salir de este momento trágico. Todo está en manos del liderazgo de un Gobierno nacional que se está poniendo a prueba. Tal como dicta el adagio popular: “al desayuno se sabe lo que será el almuerzo”; ahora más que nunca se necesita empezar a actuar con máxima determinación y creatividad.

La campaña ya se acabó, la administración pasada es historia y está en auténtica estampida, mientras que los gobernantes locales y regionales entran casi a su último año de gobierno, tiempo suficiente para darle un giro a sus metas de gestión. Es clave el Plan Nacional de Desarrollo que debe aprobarse en el Congreso antes de que este año llegue a su final. Temas como la catástrofe y la descentralización (como la propuesta de capitales alternas) deben quedar plasmados en lo que se quiere construir hasta 2030.

Hay muchos funcionarios probos en cargos clave que tendrán su cuarto de hora para hacer historia, pero todo debe marchar bajo la batuta de la Presidencia. Por ahora, todo ha salido bien: la posesión en Cali y el recorrido del presidente por todas las capitales y poblaciones afectadas hablan bien de un ejecutor. Lo que debe hacer su aparición en escena es la capacidad de trabajar en y con el Congreso para analizar las fuentes de nuevos recursos que permitan atender el presupuesto y la catástrofe.

En ese campo de batalla se presentarán las primeras bajas y habrá reacciones negativas en sectores económicos reacios a pagar impuestos (plataformas digitales, apuestas online, licores, tabaco, etc.); todo un tira y afloje que pondrá a prueba a los senadores afines al gobernante y, sobre todo, a los ministros del Interior y de Hacienda. Recuperar la economía destruida, diseñar nuevas normas de construcción, alinear a las oficinas de planeación de todos los municipios y generar inversiones en las zonas devastadas es una auténtica prueba de fuego que definirá a la nueva administración.

No se puede caer en el error de sus antecesores de evaluar la gestión pública con base en las fallas de las administraciones pasadas; para avanzar con claridad solo se debe mirar al futuro, más ahora que el país necesita volver a soñar y, ante todo, tener esperanza y optimismo.

TEMAS


Sismo - Abelardo de la Espriella - Emergencia económica