Aluminio y acero en tiempos de Trump

Trump ahora distorsiona-rá el mercado de aluminio y acero, de por sí nervioso con los productos que vende China, una pelea que hará ruido

EditorialLR

Los tambores de guerra en el comercio internacional empiezan a sonar con insistencia. La próxima semana, el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dará a conocer su política en comercio internacional frente a las importaciones de aluminio y acero de su archirrival China. El tema tiene que ver con que los dos materiales provenientes del país asiático gozan de grandes favorecimientos del Estado, mientras que los producidos en Norteamérica carecen de ayudas estatales. El lobby ha sido intenso y las emblemáticas siderúrgicas del Tío Sam han conseguido que el beligerante Presidente proponga un arancel hasta del 25% a las compras especialmente asiáticas.

El problema aparentemente es entre Estados Unidos y China, pero en tiempos de tratados de libre comercio de ambos países cualquier acción en términos arancelarios afectará el mercado internacional, especialmente de los países participantes en Nafta, México y Canadá, y otros importantes aliados comerciales como Brasil. No sobra resaltar que los países inmersos en esta nueva política arancelaria de los minerales (Estados Unidos, Canadá, China, Brasil y México) mueven más de 70% del comercio y que de ellos dependen otros mercados emergentes como India, Turquía y varios países de la Unión Europea.

La decisión de Trump también desencadenará una reacción en cadena en el comercio internacional. China ya había amenazado con represalias si EE.UU. tomaba la decisión e, incluso, ya lanzó una investigación sobre las importaciones de sorgo desde este país y estudia restringir los envíos de soja. La Unión Europea también prendió las alarmas y aseguró que una medida así iría en contra de las normas de la Organización Mundial del Comercio, mientras que México también advirtió por medidas similares que suben la presión en plenas negociaciones del Nafta.

Además, no solo la industria del acero y el aluminio se verían perjudicadas. Los precios de los carros y hasta de las latas de cerveza irían en aumento y ya la belga AB InBev advirtió sobre los efectos de los aranceles recalcando que más de dos millones de personas dependen del empleo de la industria cervecera en EE.UU.

Este es un problema que no es ajeno para Colombia, porque la primera procedencia de las importaciones de acero que hace el país es China, que en 2017 vendió al mercado local US$99 millones en productos laminados planos de hierro o de acero, lo que significó una variación de 68% frente a 2016. Debido a los precios más bajos del acero chino, los cinco productores colombianos, entre los que se encuentran la Siderúrgica de Caldas, la Siderúrgica de Occidente, Gerdau Diaco, la Siderúrgica Nacional y Acerías Paz del Río se han quejado de dumping en varias ocasiones. Frente a eso, los importadores de acero han señalado que las ocho plantas con las que cuentan estas siderúrgicas tienen una capacidad instalada de producción de 1,7 millones de toneladas de aceros largos, cantidad que no alcanza para suplir la demanda nacional. En caso de que EE.UU. condicionara las importaciones chinas en su mercado, el gigante asiático podría convertirse en un problema más grande para los productores colombianos, que necesitarían un apoyo en el Gobierno Nacional, tal vez con medidas similares a las impuestas por Donald Trump en su país.

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