Editorial

Alza del mínimo se lo comió la inflación de 5,8%

Gráfico LR

El costo de vida en Colombia es el tercero más alto de la región y el segundo entre los países de la OCDE, convirtiéndose en uno de los problemas más graves de la economía

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Diario La República · Alza del mínimo se lo comió la inflación de 6%

Los datos de la inflación de mayo no son los mejores. A la luz del Dane, la variación de precios del quinto mes del año supera 5,8%, una cifra que deja el costo de vida colombiano como el tercero más alto del continente, solo superado por Venezuela, con 612%, y Argentina, con 32,4%. Si la variación de precios se compara con la del club de las buenas prácticas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Ocde, se tiene que Colombia es uno de los países más inflacionarios del mundo.

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Los sectores económicos que más han contribuido al alto costo de vida local son el transporte, aupado por el incremento del galón de gasolina corriente y del diésel experimentado el último mes, a lo que se suma el siempre creciente valor de los servicios públicos, particularmente lo relacionado con la energía y el gas. Los alimentos, si bien siempre son afectados por los servicios y el transporte, mantienen una buena dinámica: la permanencia de lluvias y los últimos días soleados ofrecen un buen suministro de frutas, verduras, hortalizas y carnes, entre otros, en el mercado.

Al quinto mes del año hay gran desconfianza sobre cómo pueden influir en el alto costo de vida los alquileres, en un momento en el que hay un fuerte frenazo en la construcción, pues el Gobierno Nacional no ha tenido una política de construcción de vivienda que atenúe la demanda. Es un hecho indebatible que en ciudades como Medellín, Cartagena y Bogotá la demanda por apartamentos y casas en alquiler crece mucho más que la oferta, lo que ha generado una burbuja especulativa en los precios de los arrendamientos, sin solución a la vista. Los precios en Colombia son imperturbables frente a la revaluación del peso.

Se pudo haber creído que el dólar barato, presente en los mercados durante las últimas semanas, se reflejara en la canasta familiar, dado que 30% de los productos y servicios tiene origen importado. A dólar más barato podría asumirse que esos precios bajen, pero eso no se ha anotado en ninguna ciudad: simplemente la inflación ha seguido cabalgando, sin importar que el dólar esté en $3.588. Es un imperativo que el país económico revise cómo se fija el incremento del salario mínimo anual.

La subida de 23% para el año en curso, y de 19% el año pasado, ha sido una tragedia para el costo de vida en un país de 20 millones de familias, de las cuales siete de cada 10 no tienen los ingresos suficientes para pagar los gastos mensuales. El incremento de 23%, que con el subsidio de conectividad supera $2 millones, fue una auténtica ilusión, sin que los responsables paguen por sus errores macroeconómicos.

El Banco de la República ha dicho enfáticamente que el culpable de la alta inflación es el incremento desmedido del salario mínimo en los últimos dos años, lo que también ha generado un aumento de la tasa de interés del Emisor, que supera los dos dígitos y asfixia la economía. El nuevo Gobierno de Colombia, que reciba las banderas económicas el próximo 7 de agosto, no solo deberá luchar contra un déficit fiscal cercano a 7%, sino contra una inflación que se ha convertido en un hueso duro de roer y que condena a los colombianos de menos recursos a vivir siempre al borde de la pobreza.

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