Coletazos del tira y afloje de los aranceles

No son fáciles los días que corren para el libre comercio luego del alza de aranceles de Estados Unidos y de la respuesta de China

EditorialLR

El presidente Donald Trump ha movido sus fichas en un tablero económico signado por su promesa de campaña “America firt”. No solo ha sido fiel a un discurso duro de protección al consumidor y a las empresas estadounidenses, sino que lo ha acompañado de acciones contundentes que han hecho subirle la temperatura comercial en todo el mundo, dejando muy claro que él es el líder del motor de la economía mundial y que mantendrá esa posición a cualquier precio, amenazada en los últimos años por su archirrival comercial: China.

Hay que recordar que la primera medida de impacto internacional que Trump firmó siendo presidente fue la salida de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica que buscaba armar un eje estratégico de una docena de países en Asia que representan 40% de la economía mundial, pero que no había sido ratificado por el Congreso de Estados Unidos, dejando una grieta por donde se escurriría el comercio estadounidense. A renglón seguido el Presidente hizo sonar sus tambores de guerra al poner aranceles de 10% y 15% al aluminio y el acero provenientes de mercados desarrollados y emergentes. Estas dos acciones -a todas luces hostiles- hicieron que China reaccionara el pasado lunes de Pascua e impusiera aranceles a 128 productos estadounidenses en su voraz mercado, que poco a poco camina hacia un capitalismo muy competitivo.

Así las cosas, China respondió a las amenazas con acciones contundentes como fue la imposición de aranceles comerciales como respuesta a las tarifas a las importaciones de acero y aluminio chinos, una respuesta que se veía venir y que aumenta el riesgo de una guerra comercial de grandes proporciones que se extienda en todo el mundo, pues nadie puede demeritar el efecto en cadena que esto representa.

La imposición de un arancel de 15% para las frutas y de 25% para productos porcinos y otros derivados cárnicos procedentes de Estados Unidos, no es una escaramuza menor en este conflicto que escala poco a poco, y que como en todas las guerras comerciales, arrastra a los socios estratégicos, beneficiados económicos y otros jugadores de un mundo hasta ahora confeso de políticas transnacionales que propendían por una globalización que llevara grandes beneficios de consumo a mercados históricamente cerrados a productos y servicios de otros países. Es una suerte de cambio de época, pues la época de cambio fue hace poco menos de dos décadas cuando cambió el milenio que sepultaba las formas comerciales del siglo XX.

Todo el panorama de alza de aranceles por parte de las dos economías más poderosas del mundo ha tenido consecuencias, no solo en las bolsas de valores y las monedas, sino en el precio de los bienes primarios o refugios como es el caso del petróleo y del oro que están recuperando valores. Wall Street cerró a la baja en las últimas jornadas, al tiempo que el barril de crudo sigue su camino de ascenso depreciando las monedas emergentes que se vuelven poco competitivas para los países que viven de las exportaciones, como es el caso de Colombia con el petróleo, el carbón y el café, entre otros. Es una verdadera paradoja que mientras las cosas se estabilizan en el mercado interno en el externo se enrarecen generando alertas para este comienzo del segundo trimestre.

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