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Colombia debe enfocarse en la productividad

Gráfico LR

Está bien reducir la jornada laboral hasta 42 horas a la semana, incluso apurar que sea de 36, pero simultáneamente se deben considerar metas en productividad cuantificable

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Diario La República · Colombia debe enfocarse en la productividad

La literatura empresarial define la productividad como el indicador de eficiencia que mide la relación entre los resultados obtenidos y los recursos empleados. En otras palabras, es el cociente entre los bienes o servicios producidos y los insumos utilizados para generarlos, tales como tiempo, capital, mano de obra o materias primas.

Bajo esta premisa, ser productivo implica generar un mayor volumen de producción con la misma o menor cantidad de recursos; aplicado a la jornada laboral, esto se traduce en producir lo mismo o más en un menor lapso de tiempo. A pesar de esta definición, el panorama en el contexto local es opuesto. Los trabajadores colombianos -cuya población económicamente activa supera los 24 millones de personas- lideran los listados globales de tiempo dedicado al trabajo en fábricas, oficinas o talleres artesanales.

Hasta hace poco, la jornada legal en el país era de 48 horas semanales distribuidas en seis días; no obstante, debido a la normativa reciente, esta se ha reducido paulatinamente a 42 horas semanales, mientras que en el mundo desarrollado el promedio ha descendido hasta las 36 horas.

Ante esta realidad, a muchos ciudadanos les resulta más eficiente trabajar por horas o tareas determinadas -con un inicio y un fin fijados por el empleador- que cumplir con las ocho horas legales diarias más dos extraordinarias para intentar mejorar su remuneración.

Actualmente, Colombia es de los países de la Ocde que registra mayor presencialidad laboral, superando las 2.100 horas al año, sin que esto se traduzca en una alta productividad. De hecho, el Índice de Productividad Laboral es casi inversamente proporcional a las horas trabajadas en una economía emergente como la colombiana.

Según datos del Dane, la productividad total de los factores es inferior a 1%. Esta baja eficiencia no contribuye positivamente a las fórmulas financieras para el incremento del salario mínimo, lo que termina convirtiendo dicha negociación en un asunto netamente político. Así, queda en evidencia que una jornada extensa sin eficiencia no genera, necesariamente, mejores remuneraciones. A nivel global, se está abriendo paso un modelo de contratación basado en la necesidad horaria y en entregas precisas.

Esta tendencia va en detrimento del esquema tradicional de ocho horas, el cual se enfoca más en el cumplimiento de un horario que en la entrega de resultados tangibles. Por el contrario, el régimen laboral colombiano se ha caracterizado históricamente por la falta de un gran acuerdo nacional que zanje la pugnacidad entre trabajadores y empleadores, ignorando las necesidades de los empresarios y de los nuevos emprendedores de la economía digital.

Al analizar las cifras de disponibilidad laboral, la economía colombiana evidencia profundas ineficiencias. El calendario anual incluye 15 días hábiles de vacaciones, 19 días festivos, un día por cumpleaños y un promedio de dos a tres días por permisos médicos o particulares. Al consolidar estos datos, se observa que, en la práctica, los colombianos laboran menos de 42 horas a la semana y, debido a los puentes festivos y permisos, promedian menos de cuatro días de trabajo semanales.

La productividad debe entenderse como un estilo de vida y una conciencia nacional; es decir, una cultura de trabajo enfocada en menos horas de presencialidad y más resultados tangibles. Por lo tanto, el Gobierno Nacional no debe postergar el rediseño del régimen laboral.

Es necesario abrir espacios formales al trabajo por horas mediante unidades de contratación que incluyan de manera proporcional los aportes parafiscales, riesgos laborales, ahorro pensional y cesantías. Esta reforma estructural facilitaría la contabilidad de los empleadores y formalizaría los ingresos de los trabajadores no calificados, convirtiéndose en una estrategia clave para reducir la informalidad en todos los sectores económicos del país.

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