Editorial

Con dos guerras en desarrollo, nada sigue igual

Gráfico LR

Este año cerrará con dos conflictos fratricidas, Ucrania trata de recuperar terreno perdido, al tiempo que Israel procura sentenciar una guerra que lleva muchos siglos

Editorial

La hipótesis es que la pandemia sirvió de teatro de reflexión para poner en marcha un mundo distinto postcovid que se desarrolla por estos días.

Entre diciembre de 2019 y el primer trimestre de 2021, el mundo estuvo acuartelado, los comercios estaban a media puerta, los puertos y aeropuertos eran lugares temidos por el contagio mortal, lo que llevó a que el grueso de la población mundial llevara su vida ordinaria desde lugares seguros, tales como sus hogares.

Fue un tiempo que desencadenó un frenesí político y una aceleración o desencadenamiento de problemas no resueltos. En Colombia las durísimas protestas de mayo de 2021 llevaron a Gustavo Petro al poder un año después; los rusos avanzaron sobre Ucrania en febrero de 2022; y una docena de movimientos disruptivos se detectaron en todo el mundo.

Las consecuencias del coronavirus aún se sienten en la economía mundial en forma de variación de precios, tal y como ocurre con muchos suministros básicos en la nueva economía como los microchips; la recuperación ha sido muy tardía y la inflación un hueso duro de roer, especialmente en los países con altas tasas de importaciones; y si a esa asimetría se suma el imperativo de los países que se resisten a dar el salto energético y emprender una necesaria transición, se nota que el petróleo y sus derivados sigue siendo un tema no resuelto en el comercio global y en la manera de mover los sectores productivos.

Seguramente, Rusia planeó durante la pandemia su invasión a Ucrania; igual situación pudo pasar con los terroristas de Hamás, que lanzaron un ataque envolvente contra Israel, en una operación espectacular que tuvo que llevar años de estructuración milimétrica. Al cabo, son dos guerras que se han sumado y que alinean tres grandes bloques a la luz de los nuevos conflictos del siglo XXI: Europa y Estados Unidos contra el actuar ruso, al mismo tiempo que respaldan el derecho a la defensa y contraataque del Estado israelí contra el terrorismo de Hamás y Hizbulá.

Queda un segundo bloque de países afines a los intereses árabes, más Rusia, que siempre verán a los occidentales como sus enemigos, y finalmente, (tercer bloque) está una silenciosa, pero amenazante China que no pierde de vista a Taiwán, un tercer conflicto que siempre estará a la espera de soluciones traumáticas.

No se puede negar, ni pasar desapercibido, que ya hay sobre la mesa dos guerras en desarrollo que comprometen potencias nucleares con serias consecuencias en el mercado petrolero y energético, y que la tensión puede escalar entre esos tres bloques que desafían un mundo.

¿La pandemia desencadenó la existencia de un nuevo orden mundial? ¿Todo lo que está sucediendo es producto de una verdadera transición energética a gran escala?

Ni Palestina ni Israel son grandes productores de petróleo y gas, pero están en el epicentro de la región que ha jugado un papel protagónico, toda la vida, en este problemático sector; lo que puede asociarse con el papel, cada vez más preponderante, de Rusia entre los países productores de crudo.

Las dos guerras en desarrollo tienen como eje transversal la transición energética, lo que obliga a la economía a descontar una realidad fehaciente y es que se deben tener los principios claros sobre cuál es el futuro de los combustibles o las fuentes de energía que mueven el mundo.

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