Con los modelos de negocios no se juega
sábado, 14 de febrero de 2026
Un generador de empleo y contribuyente no saca sus números del sombrero, los modelos de negocios se construyen con seriedad, cambiar el ajuste del mínimo es un error
Editorial
El Consejo de Estado suspendió provisionalmente el decreto del salario mínimo para 2026, que se había fijado en 23,7%. La medida cautelar ordena al Gobierno Nacional expedir un nuevo decreto transitorio en un plazo de ocho días. ¡Absurdo! No se puede jugar con las expectativas de los trabajadores ni los generadores de empleo pueden -por un concepto tardío- bajar el incremento del salario mínimo subido por decreto hace unos 45 días.
El Consejo de Estado, en materia de incremento del pago mínimo mensual, como la Corte Constitucional en el caso de la reforma pensional, están reaccionando de manera tardía; no les importan los modelos de negocio del sector productivo ni, mucho menos, el limbo pensional en el que se encuentra el país. Ad portas de la tercera década del siglo XXI, de la irrupción de la inteligencia artificial y de una quinta revolución industrial, los altos tribunales siguen decidiendo a destiempo, sin importarles las consecuencias de sus lentas decisiones jurídicas. A sabiendas del impacto del incremento salarial, que no tenía las consideraciones técnicas previstas, como la inflación y la productividad, ¿por qué no se pronunciaron en su momento indicado? Lo hacen solo ahora, cuando ya hay tres pagos que indexan todas las movidas del mínimo legal vigente. Si entendieran correctamente y leyeran el país, observarían la actitud de los empresarios de conservar la línea del decreto presidencial decembrino de subir los costos fijos laborales, en cuanto al salario mínimo, en 23%.
Ya se hicieron los modelos económicos de todos los negocios, se tomaron decisiones y se enfrentó la realidad de cara al bienestar de los trabajadores. No hubo desobediencia ni cálculos políticos: se reacomodaron las estructuras para seguir pagando salarios, impuestos y construyendo país. No nos sorprende que el grueso de las empresas colombianas sigan pagando el mínimo e indexando todos los sobrecostos que la ley impone para este año, dando una muestra de trabajo abnegado y de apuesta por reducir las precariedades de un país en desarrollo.
Se sabía que el Gobierno Nacional de turno -en su intransigencia y enfrentamiento injusto contra el sector productivo- seguiría decretando el salario mínimo durante su mandato sin las mínimas consideraciones técnicas -inflación más productividad-, actitud que debía descontarse en los modelos económicos ya comprometidos, pero nunca en contra de la fuerza laboral, que es el pilar más importante al hacer empresa.
El Gobierno Nacional sí está en una encrucijada laboral de enormes proporciones, porque debe respetar la decisión del Consejo en lo que tiene que ver con los funcionarios públicos, en un momento en el que la caja no lo acompaña, por el gasto desproporcionado en la administración central y los galopantes déficit fiscal y endeudamiento externo. Si el Consejo de Estado sabía desde hace años que los decretos del Gobierno Nacional mediante los que subía el salario mínimo por fuera de las negociaciones tripartitas y de los mínimos técnicos, como la inflación y la productividad, eran incorrectos, ¿por qué no lo había dicho antes y a tiempo? No es la primera vez que un gobierno hace lo que se hizo a finales de diciembre pasado.
Está claro que el ajuste del mínimo no está funcionando en Colombia, que el mandatario de turno se salta los elementos técnicos y que es inflacionario, dado que está atado al precio de muchos bienes y servicios. Ojalá, al final de este año, tal situación se haya solucionado.