Crecer más, empleo formal y precios bajos
jueves, 20 de noviembre de 2025
A la luz de las cifras, las cosas en términos macroeconómicos, no son tan malas, no obstante es imperativo más crecimiento, precios bajos y empleo en condiciones dignas
Editorial
El Gobierno Nacional, y todos los ministros de las áreas que tienen que ver con la economía pueden sacar pecho por estos días por las buenas cifras que ha difundido el Dane en los siguientes frentes: crecimiento económico al tercer trimestre de 3,6%, desempleo a septiembre de 8,2% y una revaluación del peso frente al dólar en los últimos tres meses, que resiste la moneda estadounidense en $3,750 promedio.
Si las causas de esos datos se identifican se tiene que el crecimiento de la economía se deriva del sector público y el consumo de las familias, mientras que el desempleo tiene un comportamiento histórico producto de las industrias manufactureras (de cara a diciembre), la administración pública, defensa, educación y atención de la salud.
La revaluación del peso tiene su explicación técnica en las llamadas externalidades que no obedecen a ninguna política pública local, tales como la debilidad del dólar a nivel global, la estabilidad en los precios del petróleo, las tasas de interés en Estados Unidos y la nube de incertidumbre que se desprende de las políticas económicas de Donald Trump.
Se puede lanzar la hipótesis -más coloquial- que el crecimiento se debe al gasto de las familias y la plata del Gobierno; que el empleo es inestable e informal, pues la informalidad y las economías populares son las que más crecen en las 13 capitales en donde se mide el desempleo, y que, el dólar se mantiene por debajo de los $4.000 por la monetización de las más de 250.000 hectáreas sembradas de coca y la suma de las economías ilegales que pueden pesar en el PIB, 3% o 4%, cifras no oficiales.
Pero esas son las cifras y son buenas, sobre las cuales hay que plantear mejores números que se compadezcan del alto nivel de pobreza que tiene el país, en donde más de 15 millones viven en esas condiciones y unos 5 millones sobreviven en pobreza absoluta, es decir, con menos de un dólar al día.
El más de un centenar de aspirantes a la Presidencia de Colombia deben empezar desde ya -a 6 meses de la primera vuelta- a presentar sus ideas económicas, de desarrollo del país, tendientes a disminuir la informalidad que cobija a más de 50% de la población económicamente activa; a aumentar la productividad para que el PIB crezca de manera sostenida por encima de 5%, de tal manera que se pueda aumentar la base tributaria y atacar la evasión de impuestos, y lo que no es menor, a mejorar la oferta exportadora en materias primas que seguirán siendo la batería económica de la economía emergente.
Una buena propuesta, pero difícil de articular y de comprometer, es que el ingreso per cápita de los colombianos salte a dos dígitos, de unos US$7.000 a más de US$10.000, para que las precariedades se empiecen a desvanecer, en donde el sector minero energético es un buen polo de desarrollo para todos, en un mundo con necesidades de energía.
De nada vale mostrar gestión económica basados en un PIB más alto, desempleo de 8%, y tasa de cambio estable, si la pobreza no disminuye, las inversiones no llegan y el país de las regiones no logra explotar sus distintas potencialidades.
Es un momento oportuno para que nuevas ideas de progreso se pongan sobre el tapete, pues los fundamentales son una buena base para volver a crecer de manera sostenida entre 2026 y 2030.