Editorial

Crecimiento de 2,4% e inflación de 6%, muy mal

Gráfico LR

Para el cambio de administración nacional solo faltan 64 días y los fundamentales de la economía se deterioran al entrar en una zona de inactividad mientras nuevos planes llegan

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Diario La República · Crecimiento de 2,4% e inflación de 6%, muy mal

Literal. Al Gobierno Nacional, en manos de la primera administración de izquierda, le cae ya el sol sobre sus espaldas y, en materia económica, el balance es bastante agridulce. Se raja en costo de vida: nunca pudo meter el Índice de Precios al Consumidor en cintura, dentro del gap diseñado por el Banco de la República de entre 2% y 4%, lo que ha desencadenado una inédita pugna sobre la inflación como objetivo y su antídoto, la tasa de interés del Emisor al sistema financiero, que se derrama entre los cuentahabientes como dinero caro.

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El Nobel de Economía, Milton Friedman fue uno de los economistas que más trabajó sobre esta anomalía, a la que se refirió como un fenómeno monetario, dado que surgía luego de un rápido aumento de la cantidad de dinero más que de la producción. La definió como un impuesto sin legislación y argumentó que la inflación es una pérdida de poder adquisitivo, una exacción estatal oculta. En Colombia, desde la pandemia hay demasiado dinero persiguiendo los mismos bienes porque la economía no crece al ritmo de la demanda; hay claramente un desajuste entre oferta y demanda monetaria.

El Banco de la República, parapetado en que las economías subterráneas son muy difíciles de medir, no ha calculado el impacto del narcotráfico, la extorsión y el contrabando, entre otras actividades ilegales, en el dinero circulante que busca los mismos productos y servicios. John Maynard Keynes decía que “no hay un medio más sutil ni más seguro de trastornar la base existente de la sociedad que corromper la moneda”, y buena parte de la economía colombiana está corrompida por la economía subterránea.

Con los niveles de inflación que registra Colombia, el crecimiento económico está más que comprometido; por tanto, es un imperativo el recorte del gasto público como freno de mano urgente para bajar el costo de vida. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) advierte que el crecimiento económico perderá impulso durante los próximos dos años y prevé que el Producto Interno Bruto crezca 2,4% en 2026 y 2,1% en 2027, en medio de un entorno marcado por alta inflación, condiciones monetarias restrictivas, incertidumbre económica y una inversión que continúa mostrando señales de debilidad.

Es básico: la inflación elevada, las altas tasas de interés y la incertidumbre seguirán afectando la inversión privada y moderarán el consumo de los hogares. El Gobierno Nacional saliente reclama reconocimiento por su gestión en la generación de empleo estatal y la disparada de los trabajadores independientes (8,8% de desempleo), mérito que exalta a gritos; lo mismo la disminución de la pobreza si se compara con las cifras del Gobierno anterior, signado por la pandemia. Si ambas cosas se ponen en perspectiva optimista, el poco crecimiento de los últimos cuatro años y la alta inflación -la tercera más alta de la región- empañan todo empalme con la nueva administración, que, dicho sea de paso, debe diseñar un plan de crecimiento que regrese al país a cifras tradicionales de 3,5% o 4% y logre bajar la inflación a 3%, de tal manera que el salario mínimo -por bajo que sea- le alcance más a 20 millones de familias.

De nada vale subir 20% o 25% el salario mínimo si, por mal manejo de la inflación, los precios canibalizan los ingresos. Es fundamental que el nuevo Gobierno Nacional tenga un plan antiinflación y de alto crecimiento para adoptar en sus primeros 100 días.

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