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¿Cuál es la línea comercial de los embajadores?

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Ahora que se escribe el Plan Nacional de Desarrollo, sería ideal que el cuerpo diplomático tenga tareas específicas y se vincule a una marca país

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Diario La República · ¿Cuál es la línea comercial de los embajadores?
Desde hace mucho tiempo ha hecho escuela en Colombia que el nombramiento de un embajador y de una buena parte del cuerpo diplomático tiene que ver más con un detalle de amistad o reconocimiento personal del presidente de turno con sus más cercanos que con el mérito profesional en un país con el cual se quiere avanzar en el comercio, hacer relacionamiento empresarial o académico, pero, sobre todo, atender a los millones de nacionales dispersos por el mundo.
Hay una carrera diplomática a la que no se respeta y a la que solo se le dejan las misiones menos importantes, muy a pesar de que esa ha sido una lucha persistente durante muchos años. Esto no quiere decir que el mandatario deba nombrar solo funcionarios de carrera para las sedes diplomáticas o comerciales; de lo que se trata es de que, si los embajadores son representantes del mismo presidente, sean profesionales idóneos para desempeñar esos cargos económicos en el país que se les ha asignado.
Los especialistas en relaciones internacionales siempre han visto en las diplomacias chilena y brasileña los dos ejemplos por copiar en un país como Colombia, que necesita urgentemente ampliar su portafolio de productos y servicios de exportación y revisar el grueso de los tratados de libre comercio vigentes, muchos de los cuales no han dado los resultados esperados desde su firma.
Ahora, al amanecer de un nuevo gobierno, es imperativo que los embajadores en Estados Unidos, Venezuela, China, España, México, Chile, Reino Unido, India, entre otros, ejerzan sus cargos a cabalidad y logren avances notorios en el plano comercial para que un mayor número de productos colombianos, no solo café, petróleo y carbón, puedan acceder a nuevos mercados.
Durante la administración Santos hubo una buena estrategia alineada con los países de la Alianza del Pacífico; incluso se intentó tener embajadas compartidas entre ellos, de tal manera que las negociaciones comerciales se hicieran en bloque para ganar efectividad. El otro problema que hay que corregir es la duplicidad de roles y funciones comerciales de los agregados en las embajadas y los funcionarios de Procolombia, una situación desidiosa que hace que hasta funcionen en distintos lugares.
El Ministerio de Relaciones Exteriores, el de Comercio y Procolombia deben trabajar conjuntamente, eliminar duplicidades, enfocarse en una sola hoja de ruta comercial y garantizar resultados tempranos para que la oferta exportadora pueda ampliarse y genere mayor capacidad instalada de las empresas en el territorio, empleo formal y marca país. Dicho sea de paso, aún no se conoce la idea que tiene el actual gobierno para posicionar a Colombia en el exterior.
La marca país no puede ser solo una gran licitación en la que participen las empresas de publicidad más importantes del mundo; realmente es un compromiso de país con lo que se hace en Colombia y se quiere vender afuera.
Sería ideal e inédito que en la confección del Plan Nacional de Desarrollo haya un capítulo sobre la proyección internacional, de tal manera que los cuerpos diplomáticos en los distintos países socios comerciales no sean unos convidados de piedra, sino que pongan un grano de arena y potencien el aporte del sector externo al crecimiento.

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