¿De qué vale tener un peso fuerte?

El peso sigue siendo la moneda emergente más revaluada y eso es bueno para los proyectos de crecimiento en los mercados externos

EditorialLR

En lo corrido de este primer semestre del año hay cuatro noticias económicas trascendentales que no pueden pasar inadvertidas. La primera es puramente normativa, muy buena para el futuro nacional, y es la que tiene que ver con la entrada de Colombia a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Ocde. La segunda es muy buena para las arcas nacionales y es la referente a la resurrección de los precios del petróleo, que dicho sea de paso, tiene en sus mejores momentos las exportaciones colombianas y en aumento el ingreso de divisas, dos situaciones que le han dado respiro a la balanza de pagos. El precio del barril de petróleo es el mejor de los últimos cuatro años y se ha convertido en una enorme ayuda para las salud de las finanzas estatales.

La tercera noticia no es tan buena como las anteriores y se refiere a los tambores de guerra arencelaria y comercial que ha desatado el gobierno estadounidense en tres frentes: Nafta (México y Canadá), Unión Europea y China. Hace varias décadas que Estados Unidos no emprendía un conflicto a gran escalada en el que puede haber más perdedores que ganadores. Está claro que de tambores ya se pasó a lanzamiento de misiles, pues Trump ha mantenido para todos los países el cobro de 10% y 25% para el aluminio y acero, situación que poco perjudica a Colombia, pero que genera un precedente peligroso en términos de violar el Tratado de Libre Comercio puesto en marcha en 2012 y que apenas está cosechando sus primeros frutos.
La cuarta noticia económica, corrido cinco meses plenos de 2018, es la fuerte revaluación del peso colombiano que ha llevado a nuestra moneda a convertirse en la más fuerte del año en la región y la cuarta en el mundo.

Precisamente por el alto registro de los precios del petróleo durante este año, que ha hecho que el peso sea la divisa emergente más dura o fuerte frente al dólar, es la que más ha resistido frente al dólar, máxime si la comparamos con el peso argentino, la lira turca o el real brasileño, que son las más devaluadas. El peso en lo que va del año registra una revaluación de 2,36%, mientras que el resto de monedas de la región presentan una variación a la baja. La mayoría de monedas emergentes, en las que se incluyen los países del vecindario, tienen variaciones excesivas frente al dólar y las que tienen cifras positivas son bajas: todo gracias al buen precio del petróleo. En hora buena, pues al resto de países emergentes los perjudica porque se aumentan las expectativas de inflación global y las posibilidades de aumento en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal, mientras que en Colombia las cosas van por el camino de moneda fuerte.

Todas las economías están ancladas al dólar, la divisa por excelencia para cotizar materias primas y hacer préstamos a bajos tipos de interés frente a las monedas locales. Esto hace que las decisiones sobre política monetaria que emprende la Fed sean cruciales, no solo para la propia economía estadounidense sino también, para países como Colombia que tienen en ese motor de la economía global su mercado primario. Mantener un peso fuerte frente al dólar es un avance definitivo para que los empresarios con vocación exportadora puedan hacer planes de expansión de ventas en mercados donde se hayan firmado tratados de libre comercio. De lejos, siempre es mejor tener un peso algo revaluado que devaluado sin remedio.

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