De sustico fiscal a una pesadilla económica
viernes, 24 de abril de 2026
Al Gobierno le quedan muy pocas semanas al frente de la administración central, tiempo insuficiente para reparar el deterioro de las finanzas públicas, realidad convertida en reto
Editorial
Por estos días de Feria Internacional del Libro de Bogotá, la famosa y multitudinaria Filbo, uno de los tres eventos bibliográficos más importantes del universo de habla castellana, bien vale la pena revisar un texto oportuno, de a caballo entre dos gobiernos: uno que termina su período y otro a punto de ser elegido.
Se trata de “Keynes vs. Hayek, el choque que definió la economía moderna” (Booket, 2023), de Nicolás Wapshott, en el que se narra la crisis bursátil de 1929 desde el punto de vista de dos economistas, quienes defendieron, desde visiones opuestas, cómo restaurar el equilibrio económico. Keynes planteaba que el Estado estaba obligado a invertir en gasto público para reactivar la economía; mientras que Hayek -desde la otra orilla económica- decía que esa fórmula era inútil y peligrosa. En medio del cambio de gobierno al que se enfrenta Colombia, bien vale la pena traer a colación esa vieja discusión teórica, pues Petro ha tenido en sus manos la administración central durante los últimos cuatro años y ha sido completamente fiel a sus ideas de izquierda en cada una de sus acciones. Incluso ha recurrido a Keynes en algunas alocuciones cuando intenta justificar la intervención activa del Estado para salir de alguna crisis y se va lanza en ristre contra quienes defienden el funcionamiento de los mercados.
El presidente muchas veces cita en sus tuits a Keynes, especialmente conceptos de la “Teoría general”, escrita en 1936, donde sustenta posiciones como la respuesta del Estado frente a las caídas en la demanda derivadas de recesiones. Inmediatamente, la oposición refuerza la idea de aligerar el peso del Estado y reducir gastos para cumplir el déficit fiscal. Le han caído rayos y centellas al exministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla por hablar de que era necesario un “sustico fiscal” para enderezar las cargas; el mismo presidente ha revivido fantasmas conspiratorios contra sus políticas públicas y la manera desordenada como ha llevado las cuentas estatales.
Lo cierto es que el debate es muy afortunado en un momento en el que los candidatos a llevar las riendas del país hasta 2030 no se han dado cuenta de que el “sustico fiscal” del que habla Carrasquilla puede convertirse en una auténtica pesadilla económica si no se hacen los ajustes necesarios para reducir el déficit de casi 6% a 2%. El típico cliché que reza “dejaron la olla raspada” será esta vez una realidad, y nadie habla de fórmulas estratégicas ni hojas de ruta para salir de este atolladero fiscal.
No es visible ningún macroeconomista serio haciendo campaña, hablando de los temas que impactarán a los 20 millones de familias, ni mucho menos mostrando el camino para recuperar el grado de inversión, hacer una reforma tributaria estructural y rehacer mucha de la deuda contraída por este primer gobierno de izquierda. Ya debería aparecer en la agenda mediática esos ideólogos económicos que empiecen a vestir de soluciones la economía colombiana, pues el diagnóstico sobre el estado de las cosas es bastante elocuente.
La economía colombiana -en lo que tiene que ver con el polvorín fiscal- no es una situación que se arregle en un año; necesita de un líder en la cartera de Hacienda muy conocedor de las cuentas estatales para identificar qué palancas debe subir o bajar. Es un momento en el que no se puede improvisar ni hacer más politiquería.