Distensión coreana y la mano de Trump

Para nadie es un secreto que tras de la histórica distensión de las dos coreas está el proceso electoral de EE.UU. en el que Trump volverá a jugar

EditorialLR

La tensión bélica en el paralelo 38 es una de las herencias más antiguas de la Guerra Fría. La península coreana era una sola, hasta que las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial la partieron en un lado norte de influencia china y soviética, mientras que en el lado sur se asentaban las bases militares estadounidenses que garantizaban los equilibrios militares luego de la guerra del 45. Incluso, norte contra sur se enfrentaron en un guerra fratricida en 1953 en la que jugó un papel importante el Batallón Colombia y nos vinculó con Corea del Sur, que ahora es un país mucho más desarrollado y pujante que el nuestro, que otrora era tan próspero que los ayudamos en su lucha contra el avance comunista.

Desde 2006, cuando Corea del Norte realizó su primera prueba nuclear, la tensión mundial se ha incrementado hasta el punto de pensar que se podría desatar un conflicto bélico por los constantes lanzamientos que lideró el régimen norcoreano. Con Kim Jong-il a la cabeza y luego con su hijo Kim Jong-un, Corea del Norte condujo pruebas nucleares en 2009, 2013, 2016 y 2017, año en el que aseguró probar con éxito su primer misil balístico intercontinental y su primera prueba de lo que afirmó era un arma termonuclear.

Corea del Norte, anclada en el siglo XIX, rudimentarial, rural, dependiente de Rusia y China, se convirtió en el principal argumento al hablar de la posibilidad de una guerra nuclear. Corea del Sur, en cambio, se volvió en una de las economías emergentes líderes e integrante de los llamados tigres asiáticos gracias a su alta tasa de crecimiento. La integración de esta economía con el resto del mundo le permitió crecer de tal manera que el PIB de su aislado vecino del norte solo representa 2,1% de lo que produce su economía en un año. El Producto del régimen de Kim Jong-un es equivalente al de un país como Honduras, mientras que Moon Jae-in lidera una nación que está en el mismo nivel al de economías como la de Canadá. Seúl es una de las mayores creadoras de patentes y uno de los mayores fabricantes de vehículos y astilleros del mundo.

Esas dos confrontaciones, que se mantuvieron desde la década de los 50, podrían acabar desde que empezó el trabajo diplomático, combinado con la aplicación de sanciones, que llevaron a cabo Estados Unidos y el presidente Moon Jae-in. Donald Trump, caracterizado por su discurso de América Primero y la pérdida de liderazgo en las confrontaciones mundiales, podría volver a la escena internacional, con una jugada que incluso tendría consecuencias en la posibilidad de que se presente a la reelección, hasta el punto de que catapulte sus opciones de permanecer en la Casa Blanca, en medio de las tensiones domésticas por las investigaciones de la injerencia rusa. Trump, a su estilo, ya ha demostrado ser un hábil negociador con un método que, por ejemplo, tiene al TLC con México y Canadá a pocas semanas de estrenar una versión más favorable para Estados Unidos.

El presidente norteamericano, aislado por su proteccionismo comercial, y lejos de antiguos aliados como Alemania y Francia, está detrás de la posibilidad de que la desnuclearización de la península se vuelva una realidad. La reunión de hoy entre los dos líderes coreanos será el primer paso para que su política de máxima presión, como él la ha llamado, se anote su primer éxito internacional.

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