Ecopetrol no es un árbol de Navidad

Ecopetrol y sus 14 sindicatos comienzan a discutir la convención colectiva en medio de la crispación generada por las peticiones de trabajadores

EditorialLR

Al igual que las empresas privadas las del Estado, con todas sus instituciones, no cuentan con presupuestos inagotables ni de caucho que se estiran y se valen de unos recursos escasos que deben ser bien administrados para favorecer al desarrollo del país y garantizarles bienestar a las nuevas generaciones. El tema viene a colación porque hoy comienza de manera oficial la discusión de la negociación colectiva entre los sindicatos y las directivas de Ecopetrol. Este siempre fue y será un tema espinoso para las fuerzas tripartitas que confluyen en este episodio necesario para que la empresa siga su rumbo sin mayores obstáculos; el papel que juegue la alta gerencia de la empresa mixta, los sindicatos, bajo la vista notarial del Ministerio de Trabajo, debe ser garantía de un país en marcha que sabe sacar procesos conflictivos de la mejor manera, no obstante las posiciones distantes a la hora de fijar exigencias pueden dictar lo contrario. La Colombia del siglo XXI debe tener unos nuevos valores que se alejen del conflicto que ha marcado el destino de toda discusión desde hace varias décadas.

Hace un par de semanas, la Unión Sindical Obrera presentó su pliego de peticiones para la negociación de la convención colectiva que estará vigente hasta el nuevo gobierno en 2022; allí radica la importancia de esta etapa de acuerdo en la que la propuesta del sindicato pide cosas inalcanzables que hacen difícil la negociación. Sobre el primer frente de negociación no hay mucha discusión, pues se trata de la defensa de la empresa mixta para que no privatizarla, punto sobre el cual hay -por ahora- suficiente ilustración, dado que el nuevo Presidente lo descartó durante la campaña y se apartó de la idea lanzada por el gremio de los aseguradores. El segundo punto a negociar tiene que ver con los derechos adquiridos de los trabajadores directos, sobre lo cual sí hay grandes diferencias porque no se le puede pretender cargar a Ecopetrol esos beneficios a trabajadores de empresas tercerizadas. Según las cifras que aporta la empresa, cuenta con 9.500 trabajadores directos y con 24.000 contratistas; de ampliar beneficios prácticamente la compañía deja de tener viabilidad y la opción de privatizar o vender empezaría a jugar en el tablero futuro. El tercer punto puede ser discutible, pero con varios reparos, y es el que pretende que la empresa juegue un papel más determinante en los territorios, que no solo sea una estatal de influencia en las regiones petroleras y en la misma Capital de la República, sino que tenga un juego nacional; cosa que tiene sentido, pero este no es un país como Venezuela en donde el petróleo es la sangre de la economía. No podemos embriagar de nuevo la economía con una Enfermedad Holandesa irreparable.

También hay otras cosas menos lógicas, como obligar a la empresa a recomprar las acciones de los procesos de capitalización accionaria adelantados en 2007 y 2011 (11,5% de la propiedad de Ecopetrol); devolverse a la naturaleza de Empresa Industrial y Comercial del Estado; es decir, que Ecopetrol sea 100% estatal; y cosas más leoninas como un bono de $4 millones por firmar la nueva convención colectiva para cada uno de los 3.657 trabajadores afiliados al sindicato, que en total serían más de $14.000 millones. Y lo más discriminatorio que genera desigualdad: aumento salarial de 15%, con un incremento adicional de 10% en seis meses. Todo hace parte de la discusión que a vuelo de pájaro vale cerca de $2 billones.

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Ecopetrol - María Fernanda Suárez - Ministerio de minas y energía