Educación y ciencia, en la trastienda

La educación nunca fue considerada una locomotora y la ciencia e innovación solo son palabras comodines para el gobierno

La salida intempestiva de Jaime Restrepo Cuartas de la dirección de Colciencias es una muestra más de que el sector que agrupa la educación, la investigación y las ciencias, sigue al garete en la actual administración. No porque el funcionario que 'tiró la toalla' fuera la estrella del Gobierno en materia de ejecuciones, de planeación, liderazgo, ideas y estrategias, sino porque es un detalle más de que el asunto no tiene un doliente que valore el peso de la educación en el desarrollo del país.

A eso se suma la frustrada reforma educativa, que a su vez se suma a la frustrada reforma a la justicia, y que a su vez se suman -ese par de situaciones políticas- a la incertidumbre por la reforma tributaria que se iba a presentar en las próximas semanas. Todo un coctail de frustraciones que hablan mal de lo que está sucediendo al interior del Gobierno Nacional con responsabilidad directa de varios ministerios. Pero el tema grueso es la poca importancia que la administración Santos le está dando al sector educativo que sigue siendo la 'cenicienta' en materia de inversión y de preocupaciones.

El Gobierno Nacional logró que la pésima calificación que el país obtuvo en materia de competitividad (según el informe anual del IMD de la Universidad de Lausana) pasara totalmente desapercibido en el debate público, máxime si el gran peso de la mala calificación la está cargando la educación, en donde Colombia ocupa el puesto 59 entre 59 países. La iniciativa de reformar la Ley 30 era muy buena, pero los errores cometidos en el Ministerio de Educación a la hora de promover el debate público, frustró una excelente idea que cada vez se hace más necesaria.

El desarrollo de la Ley 1286 de 2009 y la puesta en marcha el Sistema General de Regalías en el fondo de ciencia, tecnología e innovación, creado por el Acto Legislativo 05 de 2011 y la Ley 1530 de 2012, son buenos avances normativos, pero carecen de implementación al interior de las instituciones responsables. No solo de normatividad vive el país, se necesita de que esas normas se apliquen en las entidades e instituciones responsables. Si el Gobierno le metiera el mismo empuje que le ejerce al comercio exterior, a los tratados con otros países, al sector de la educación, habría una transformación social disruptiva que le garantizaría a las generaciones futuras un mayor bienestar social.

El Presidente debe ser consciente de que la educación está olvidada y que fue un error craso no meterla como una 'locomotora', pues nadie cree el cuento que son los rieles por donde se moverán las locomotoras que siguen sin dar resultados a dos años de un Gobierno que empieza a ceder en expectativas y a no mostrar realizaciones.