El BID, secretario técnico para la región

Los innovadores aseguran que, incluso cuando las cosas funcionan bien, hay que arreglarlas.

El Banco Mundial no lo hizo. Definió su rumbo desechando la vía de la meritocracia que pedían algunos países emergentes y los medios de comunicación financiera más importantes de Europa. Con esa decisión se mantuvo el reparto del mundo financiero multilateral: el Banco Mundial para Estados Unidos, en este caso para Jim Yong Kim y el Fondo Monetario para Europa.
 

Con todo, la idea de que los intereses de otros países puedan participar en la conducción de las multilaterales financieras ya se ganó su espacio. Hoy casi nadie recuerda la voz solitaria del Nobel de Economía Joseph Stiglitz hace cinco años, proponiéndoles a los Bric que se tomaran la dirección del Banco Mundial.
 Ahora esa causa tiene un buen grupo de adeptos que con seguridad tratarán de mover cambios cuando se juzgue la labor del nuevo presidente. Pero al lado de esa decisión ya tomada, está la que tiene que hacer el continente con su entidad multilateral estrella, el BID.
 

No es que haya nada fundamentalmente malo con el banco. Para la muestra, y sin contar con la gran cantidad de aportes que ha hecho en estudios económicos regionales, la entidad prestó en 2011 US$10.900 millones. Esa buena cifra equivale a una décima parte de lo que vale el total de la cartera de créditos de toda la banca colombiana.
Esta semana lanzó también la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles, que tendrá un retorno importante en el futuro. Ocho de cada diez personas de América Latina vive en ciudades y esta proporción solo tenderá a aumentar en los próximos años. Barranquilla, Bucaramanga, Pereira y Manizales serán las primeras de 15 ciudades colombianas que servirán como piloto para la región en desarrollo sostenible, planificación territorial y urbana, gobernabilidad y análisis fiscal y desarrollo económico local.
 

Pero cuando se piensa dónde podría hacer más para conseguir una tarea que podría ser útil para la región, como lo ha sido en el pasado, se encuentra un lugar adicional.
En Cartagena quedó claro el lugar protagónico del Banco en la Cumbre empresarial, pero se notó su ausencia de los foros políticos.
La obsesión razonable del presidente Santos de establecer indicadores y compromisos medibles sobre las tareas de la Cumbre podría ser, en parte, tarea del BID. El Banco tiene una fama bien ganada por la seriedad de sus trabajos de investigación y podría usarla para seguir y evaluar los resultados de las acciones que se acordaron en las reuniones política y social.
 

Al BID, de otra parte, la presencia más fuerte en los foros políticos le ayudaría a afinar la formulación de proyectos, que tienen el filtro y la visión política.
La intervención del Banco en este frente dejaría en buenas manos una secretaría técnica para la Cumbre y la sacaría de las de la OEA, que se debate entre sus problemas de falta de enfoque y de intrascendencia política y técnica. Entonces, ¿podría ser que, para bien de la región también sea hora de arreglar al BID en esta dirección?