El cambio de la moneda hay que apurarlo

Gobierno, Congreso y Emisor deben apurar el peso nuevo para pasar la página de las cifras exorbitantes en la economía

Todo parece indicar que es el momento apropiado para cambiar los viejos pesos expresados en miles y en cifras exageradas, a un peso nuevo que refleje más lo que es en la actualidad la economía nacional. En pocas palabras debemos pasar la página de varias décadas de hablar en millones y de crecimientos de precios anuales de dos dígitos, a familiarizarnos con pequeñas cifras más acordes a nuestra realidad.

Por todo esto, apoyamos sin muchos reparos el cambio de la moneda colombiana a una con menos ceros y más ajustada a la economía moderna que hoy tenemos, y animamos al Congreso de la República -en especial a las comisiones económicas- para que tramiten rápidamente el proyecto de ley que busca eliminar tres ceros al peso corriente, de tal manera que entremos en un cambio de época en la que un peso valga realmente un peso. Atrás deben quedar los viejos tiempos en que hablar en millones era normal. Una casa promedio de unos 100 metros cuadrados, ubicada en el estrato socio económico 5 o 6 no costará más de $200.000, y un automóvil de gama alta que llegaba a costar hasta $150.000.000 no pasará de $150.000.

La economía colombiana ya ajustó más de una década con inflaciones de un dígito y la tasa representativa del mercado hace muchos años no pasa de $2.000 frente a un dólar. Este par de elementos cruciales para determinar la fortaleza del peso colombiano se han estabilizado y no es necesario manejar elevadas cifras, pudiendo las autoridades simplificar las situaciones cotidianas. En el fondo, según lo han advertido los ministerios comprometidos en el cambio y el mismo Banco de la República, la renovación monetaria no cuesta tanto dinero, pero la cotidianidad si se transformará para bien. Habrá una sensación de ahorro mayor, pues no se puede gastar a dos manos pequeñas cantidades y cada peso valdrá más en la sicología popular; una situación que también puede llevar a los comerciantes informales a ‘redondear’ el valor hacia un peso, pero para evitar ese tipo de ‘inflaciones ocultas’ debe haber una ambiciosa pedagogía y reglamentación.

Esperamos que el anuncio del Presidente y el respaldo por parte del Emisor no se quede en un anuncio efectivista, sino que realmente tenga un cronograma serio de aprobación e implementación. El gerente del Banco Central ha dicho que el proyecto se puede llevar entre dos y tres años, pero hay que empezar ahora, de manera que el cambio cultural avance primero que los pesos sin tres ceros estén en el mercado. Estamos convencidos de que ese cambio es para bien y que con esta cirugía cosmética al peso se sepultará una cultura de gigantismo en donde las cantidades en pesos de todas las transacciones parecían sacadas de una película de narcos.