El desafío chino al petróleo en dólares

Nada de lo que pase con el petróleo puede ser indiferente para Colombia, que debe aceptar que por ahora es muy difícil desprenderse del crudo.

EditorialLR

Es una obligación académica hablarles al oído a los candidatos presidenciales que hacen populismo diciendo que van a sustituir la dependencia económica que Colombia tiene del petróleo, el carbón o el gas, prometiendo que reemplazarán estos renglones de producción y exportación a partir de energías limpias y el desarrollo de la agroindustria. Es bonito decirlo, es agradable escucharlo, pero muy complicado llevarlo a la realidad.

Según análisis del economista Mauricio Cabrera -y fácilmente corroborable en las cuentas nacionales- pasar de una economía dependiente de las exportaciones de petróleo y carbón, para convertirse en el milagro de la agroindustria en la región, es bastante complicado, pues los precios que determinarían los ingresos no ayudan mucho. Dice Cabrera que, si Colombia hace la tarea y se convierte en el mayor exportador de piña del mundo, solo ingresaría a sus arcas US$850 millones, que es lo que le entra a Costa Rica, país líder en ese segmento.

Y si se hiciéramos lo mismo con el famoso aguacate Hass y superáramos a Perú, nos ingresarían US$558 millones; lo mismo ocurriría con el sector frutícola, que yéndonos bien superaríamos a Chile que vende US$438 millones. “Estos tres renglones solo sumarían US$1.846 millones, menos de 10% de los US$25.000 millones que el país dejó de recibir por la caída de los hidrocarburos”. En pocas palabras hablar sin cifras es muy fácil, pero muy peligros en tiempos de elecciones.

No quiere decir que no aprovechemos las fortalezas que nos brinda el trópico en términos agroindustriales, ni mucho menos que debamos despreciar la piña, el aguacate y las demás frutas, el punto es que debemos explotar -hasta que se agote o la economía global dicte otra tendencia- los recursos minerales como el petróleo y el carbón.

El asunto viene a colación porque China acaba de lanzar una estrategia bien ambiciosa y es acabar con el monopolio del dólar en la cotización de futuros en los barriles de crudo. Ahora los chinos quieren participar en la fijación del precio del petróleo global y acaban de lanzar competencia al Brent y al WTI; todo en medio de los tambores de guerra comercial que suenan hace tres semanas entre Estados Unidos y China.

No podemos olvidar que el país que más compra petróleo es China y que busca afanosamente mejores precios para abastecer la segunda economía del mundo y un voraz mercado de automóviles que supera a todos los países. La idea de China es posicionarse como el referente de precios de petróleo en el sudoeste asiático, la verdadera cuenca económica del mundo, pero altamente dependiente del crudo de otras regiones como Medio Oriente y América.
Esta jugada ha hecho que el petróleo siga subiendo en lo corrido del año beneficiando la devaluación de las monedas emergentes frente al dólar. A esta situación se suma la disposición de los mayores productores de crudo a mantener una baja producción para mantener los precios altos hasta bien entrada la segunda década del siglo XXI, es decir hasta mediados de 2020. Esta situación debe obligar a los candidatos presidenciales a ser más sinceros con los electores y no improvisar fórmulas de crecimiento que nos alejen de lo que le ha significado a la economía el petróleo, que, dicho sea de paso, este año cumplirá un siglo de historia en Colombia.

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