El desgaste con la candidatura de Angelino

La aspiración del vicepresidente para dirigir la oit era la `crónica de un fracaso anunciado`. un costoso desgaste

Ningún especialista en asuntos laborales le apostaba a una eventual dirección de la Organización Internacional del Trabajo en manos de un funcionario público en ejercicio, y menos aún, del gobierno de un país cuya gestión está en tela de juicio por no garantizar la seguridad de los individuos pertenecientes a las centrales obreras. Pero la estocada final en contra de las aspiraciones del vicepresidente, Angelino Garzón, fue no contar con el respaldo de los propios sindicalistas colombianos, entre quienes el Gobierno Nacional no hizo `lobby` para conseguir su respaldo en la costosa cruzada en que se metió la administración Santos y que `quemará` inevitablemente al funcionario en los dos años de gestión que tiene por delante.

La agencia de la ONU para los asuntos laborales eligió al economista de 56 años, Guy Ryder, como su nuevo director general y por primera vez en su historia centenaria se decidió por un candidato promovido por las organizaciones sindicales de todo el mundo y no por un gobierno. El representante británico era el número dos de la organización laboral con sede en Suiza y era visto como el "heredero natural" del chileno Juan Somavia, quien dejará el cargo el próximo 30 de septiembre, después de haber dirigido esta agencia de la ONU durante los últimos trece años.

El problema para Colombia no es su intento fallido en la desgastante y costosa aspiración, el asunto serio para la institucionalidad es si amerita tenerse una figura como la Vicepresidencia de la República. Si se revisan sus funciones constitucionales a la luz de los resultados durante los últimos gobiernos, nos damos cuenta de que es un funcionario incómodo en la gestión pública, que no cuenta con unos roles determinados y que se convierte automáticamente en un precandidato para una alcaldía, una gobernación o la misma presidencia. Angelino Garzón le dio el toque de izquierda al gobierno de centro de Santos, pero no logró acercarse a los sindicalistas de quienes supuestamente era cercano.

Recordemos que el vicepresidente Garzón comenzó su gestión hablando de todo y mediando en temas que no eran suyos, lo que le costó una dura pelea con los ministros de economía. Posteriormente, empezó a sonar como la punta de lanza de la oposición al interior de la administración. Si bien de eso se trata el juego de la política, para la economía es una situación chocante e incómoda, pues el dinero de las arcas nacionales que se gastó en el fallido intento para que fuera director de la OIT, era solo un placebo que estaba mitigando las pocas o nulas funciones que desempeña la figura vicepresidencial en Colombia. Quizá la vicepresidencia siga el camino de la Comisión Nacional de la Televisión, entre otras.