El G20 brinda recetas para salir de la crisis

Las veinte economías más importantes plantean romper la vinculación entre riesgo bancario y riesgo soberano

Las veinte economías más importantes del planeta se comprometieron al finalizar su cumbre anual realizada en México, a poner a trabajar todas las herramientas que tienen a su alcance para lograr un nuevo crecimiento de la economía mundial que recupere el optimismo de los inversionistas particularmente en la zona europea y vincule a los países emergentes en tal iniciativa. Ojalá la declaración no pase a ser un 'himno a la bandera' y todos los Presidentes se pongan a trabajar en pos de tal objetivo.

El documento de trabajo presentado por los equipos técnicos a los Presidentes de los 20 países busca lograr un equilibrio, inicialmente, frente a dos posiciones enfrentadas: la liderada por Estados Unidos con su fórmula de usar la inversión pública para estimular el crecimiento (algo muy keynesiano); frente a la de Alemania que quiere reformas estructurales y disciplina financiera de todos los países (algo muy clásico) para salir del atolladero financiero en que se encuentran, especialmente los países del sistema monetario del euro. Pero surgió una tercera posición encabezada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, los llamados Brics, que piden adoptar medidas para el crecimiento real y que se aumente su poder de voto en el Fondo Monetario Internacional a cambio de una gran inyección de dinero de sus propias arcas.

Asistimos en silencio a un cambio de modelo en el orden económico mundial cuando observamos que los llamados países emergentes tienen propuestas sólidas para salir del mal trago financiero por el que atraviesa Europa, y no solo con una fórmula de crisis, sino con una reivindicación como lo es la contraprestación exigida de tener más poder de voto en un organismo que históricamente ha sido dirigido por europeos. Esta cumbre mexicana del G-20 no ha sido como las anteriores en donde todo se convierte en un canto a la bandera donde no existen compromisos ni nuevas ideas y en la que se ha expuesto la necesidad de separar los conceptos, y en la práctica misma, de lo que representa un riesgo financiero frente a un riesgo soberano.

En pocas palabras no es lo mismo la crisis de un banco privado que no tuvo claras las exigencias para sus cuentahabientes, que la de un gobierno central que no controló a esa banca o que mintió frente a los criterios de convergencia para pertenecer a una unión monetaria. Son asuntos que pueden tener vasos comunicantes, pero que en virtud de la situación se deben separar para evitar un colapso inminente. Es lo mismo con la necesidad de separar lo que es una crisis monetaria de una crisis financiera.
El asunto europeo está sobrediagnosticado, ahora se busca que la situación no se propague y en eso los emergentes tienen la palabra.