El mercado laboral en el mundo digital

La economía cambia con frenesí y las normas laborales aún no se adaptan a los nuevos formatos de trabajo que se olvidan de los mínimos de seguridad.

EditorialLR

No está muy claro cómo son los nuevos contratos laborales de las empresas más exitosas de la economía basada en internet, esas que han basado sus modelos de negocios en ser intermediarios tecnológicos y se alejan de cualquier tipo de vinculación contractual con personas. Es un hecho que el mundo atraviesa por un cambio en las maneras como se trabaja, lo cual ha repercutido en la organización corporativa, las estructuras y obviamente los modelos de negocio que siempre buscan la rentabilidad; y si bien todo está cambiando a un ritmo frenético, la regulación laboral y las relaciones laborales siguen viviendo en los años 80 o 90, una pequeña rendija de atraso por donde se han colado modelos digitales o tecnológicos, muy rentables, que se escapan de cualquier norma. ¿Qué pasa con los conductores de Uber o los distribuidores de Rappi? ¿Cuál es su vinculación laboral? ¿Tienen seguridad social? ¿Cómo se van a pensionar? Todas son inquietudes válidas que empiezan a llegar a la superficie luego del boom de sus servicios y éxito en sus modelos.

En un punto está en la intermediación. Las nuevas plataformas que han cambiado nuestra manera de consumir plantean que son simples puntos de encuentro entre un producto o un servicio y el consumidor y que por ende no tienen muchos elementos de vinculación laboral. Son claramente modelos disruptivos que nos hacen pensar cómo Uber es la mayor transportadora del mundo sin un solo taxi, o cómo Rappi es una de las principales empresas de logística y no tiene un solo camión; así como Airbnb no tiene hoteles. El punto es que no hemos entendido lo de “intermediación”, y si a este concepto de compleja definición se le suma la rendija en la normatividad laboral, hace que a estos servicios acudan personas enfocadas en el ingreso básico como una salida laboral exprés, pero con el tiempo empiezan a demandar un trabajo con todas las de la ley.

Los trabajos tradicionales no solo tienen una remuneración, sino un vínculo formal entre un empleado y un empleador; relación que se ve intermediada por el pago de impuestos a los gobiernos, pero cuando esto último se rompe (situación de muchas tecnológicas en muchos países), la situación se complica y queda en un limbo. Por todo esto existe la necesidad de analizar el contexto tecnológico como una nueva variable que requiere adaptaciones que posibiliten desarrollar los modelos económicos de la nueva economía. Si a Uber o a Rappi se le cargan las miles de personas que derivan su sustento del servicio, no serán viables y el modelo se romperá; es por es que es un imperativo que la normatividad laboral se modernice y los países caminen hacia una verdadera flexibilización en la contratación de personas. Es simple: es como imaginar que Facebook, Instagram o YouTube tuvieran que pagarle a sus usuarios por cada foto o cada video que se monta en estas redes o Google le pagara a los medios de comunicación por sus contenidos allí depositados. Son situaciones irreversibles que ya modificaron nuestras vidas y nos hacen pensar que debe haber un escenario, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), donde se plantee un marco laboral universal que sea benéfico para la nueva economía y por supuesto para las personas que trabajan en esas nuevas empresas.

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