El momento de la reforma tributaria

El debate de la reforma tributaria apenas comienza, pero debemos ser conscientes de que debe ser bien orientado

Diseñar una reforma tributaria en una época de bonanza fiscal representa una oportunidad de oro para un país. Abre la posibilidad de conformar una estructura fiscal equitativa y eficiente, que no tenga que obedecer a las necesidades urgentes del gasto público. El Ejecutivo tiene listo el proyecto para reformar la estructura de los ingresos del gobierno, que presentará al Congreso ahora o en la próxima legislatura y sin duda, sin importar cuando lo presente, las condiciones del fisco permitirán que por fin se aborde el problema de la estructura tributaria nacional.
 

En el primer trimestre del año la Dian recaudó $21,9 billones por impuestos, 13,1% más que en el mismo período del año pasado. Además, las condiciones están puestas para que 2012 cierre con recaudos superiores a los $100 billones, una cifra muy importante, equivalente al 16% del PIB. El recaudo estará sustentado por el aumento en la producción y las ventas de este año que tendrán un buen comportamiento y por las de 2011 que fueron extraordinarias. Una muestra. Las 57 empresas del sector real que vendieron más de $1 billón el año pasado, facturaron conjuntamente $210 billones y aumentaron sus ventas en promedio en un sorprendente 42% en 2011, comparado con 2010.
 

Con esas cifras, la tarea de reforma se puede hacer con cabeza fría. En materia de estructura está bien la intención del ministro de Hacienda de simplificar el Estatuto Tributario y de hacer el sistema más equitativo. Pero también es el momento para hacer al país más competitivo con menores tarifas en el impuesto de renta y más solidario ampliando la base de contribuyentes. Es tiempo de pensar en reducir el número de tarifas de IVA y de eliminar exenciones de todo tipo que dificultan la administración de los impuestos. También hay que pensar en aumentar los ingresos, pero con orden. Hoy con la bonanza el país apenas está consiguiendo una situación de equilibrio fiscal primario, pero como lo señalan los técnicos, debería construir un superávit estructural de 1% del PIB.
 

Los mayores ingresos deberían permitir, como lo ha propuesto Fedesarrollo tantas veces, de sustituir los impuestos ineficientes como el de las transacciones financieras, o los parafiscales que aumentan la informalidad. Se debería pensar por fin, en financiar con recursos de presupuesto al Icbf y Sena o incluso, algunos aportes a la salud.
Por supuesto, siempre existe el riesgo de que le quieran sacar ventaja política a la reforma. Por eso no se puede ceder en propuestas como la de aumentar los impuestos a los cigarrillos, a la cerveza y establecer una sobretasa de 3% al impuesto de renta para los departamentos, como proponen los gobernadores. Los mandatarios regionales saben que el dinero que piden fácilmente saldría de un manejo transparente y eficiente de sus licoreras.